SkachKoyl y las masculinidades rebeldes de Todos Santos Cuchumatán

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Para el 31 de Octubre en Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango, tiene lugar un evento muy especial y particular. Ese día converge, junto con la celebración del día de los muertos, la fiesta patronal en la que se celebra el “SkachKoyl” o juego de gallos.

Dicen las personas del pueblo que la actividad surgió hace aproximadamente unos 100 años cuando los hombres del pueblo se reunieron con los ancianos y les preguntaron si los hombres indígenas eran dignos y podían montar a caballo. Los ancianos respondieron afirmativamente, pero que era necesario hacer algunos sacrificios para estar fuertes para hacerlo. El juego de gallos consiste en el que el 30 de Octubre, un día antes al día de los muertos, se celebran carreras de caballos durante todo el día. La carreras se inauguran con el sacrifico de un gallo, como una forma de ofrenda para evitar que los jinetes sean los que tengan que dar su sangre. Es como una forma ritual de ofrendar una vida para que no sean las vidas humanas las que se pierdan en la carrera. Ese ritual es especialmente importante cuando se toma en cuenta que los jinetes suelen participar sumamente alcoholizados.

Cualquiera puede ser jinete, para participar solamente hay que pagar Q30. Sin embargo, dentro del pueblo hay distintos niveles para participar. SI bien cualquiera puede montar y participar en la carrera, también se organizan equipos dentro del pueblo. Esos equipos están conformados, como mínimo, por un capitán, un 1er. venado, un 1er. jaguar y un 1er. mono. Para poder ser capitán es necesario anunciarse con un año de antelación y un día antes de la carrera ofrecer en su casa comida, marimba y alcohol para todos los que quieran llegar. Por eso no cualquiera puede ser capitán, se necesita ahorrar y esforzarse mucho, es una cuestión de mucho honor y prestigio dentro del pueblo. Así mismo, antes de correr necesitan abstenerse de tener relaciones sexuales y beber alcohol para estar fuertes para la carrera. Esta prohibición es importante, dado que la actividad se da en medio de un frenesí alcohólico en el pueblo. La gente del pueblo dice que los hombres beben tanto porque en ese día ellos se desahogan de todas sus penas, frustraciones y los dolores que llevan en el corazón. Beben hasta caer inconscientes mientras bailan (los hombres) al ritmo de la marimba, que es la “voz del alma”, como ellos le dicen.

Los hombres tienen un enorme respeto a los caballos. En el pueblo se tiene la creencia de que si una persona muere borracha en la carrera fue porque el caballo lo superó… pero si una persona sobria muere era porque Dios le había predestinado a morir en ese acontecimiento. Al parecer, el caballo es como una prueba de vida o muerte que permite hacer que emerja un hombre nuevo. ¿De dónde emerge ese hombre nuevo? ¿Frente a qué emerge? ¿De dónde viene esa importancia o esa enorme relevancia de afirmar su masculinidad frente al caballo?

En todos los procesos de conflicto y especialmente en la guerra, las fronteras de las identidades étnico-sexuales se hacen especialmente explicitas. Dado que nadie quiere ser el “malo” en una guerra, siempre se produce un discurso que tiende a legitimar el ejercicio de violencia hacia el otro. La conquista de Guatemala no fue la excepción. En el proceso de la guerra de conquista no solo es un grupo humano frente a otro, son también las identidades las que se confrontan, son los hombres, mujeres y las sexualidades de un grupo frente a los hombres, mujeres y las sexualidades del otro grupo. Es por eso que todo proceso de guerra va acompañado siempre de narrativas que tiende a representar al enemigo como menos hombre, como cobardes, como homosexuales, se violan a las mujeres del grupo contrario, etc. La violencia y la humillación sexual en los procesos de guerra juegan un papel fundamental en la construcción de las identidades tanto para el que gana como para el que pierde la guerra. Un ejemplo, relativamente reciente, son las famosas fotografías de la prisión de Abu Ghraib, en Irak, en donde los prisioneros musulmanes eran obligados por los soldados norteamericanos a acostarse desnudos unos sobre otros, o los desnudaban y eran fotografiados mientras mantenían posiciones de sometimiento sexual frente a soldados hombres y mujeres norteamericanos. Esos no son elementos casuales, sino que forjan identidades; forjan la identidad de una masculinidad dominante frente a la masculinidad de un dominado.

En el proceso de la dominación colonial de los hombres y mujeres mayas, el caballo jugó un papel fundamental como instrumento de guerra y de sometimiento. Incluso, como se documenta en el libro “Motines de Indios”, de Severo Martínez, durante todo el periodo colonial y aún el republicano de Guatemala, el caballo fue el más efectivo recurso para aplacar los intentos de levantamiento de los indígenas guatemaltecos. Para los indígenas el caballo era uno de los más significativos, efectivos y aplastantes instrumentos de dominación. Tal era la relevancia que tenía el caballo para la dominación colonial, que los hombres indígenas tenían explícitamente prohibido montar a caballo, dado que ese era un símbolo de poder militar y que podía ser utilizado para revelarse; solamente tenían permitido utilizar los caballos para trabajos de carga. Si un hombre indígena era descubierto montando a caballo era castigado “ejemplarmente” (ser azotado o ejecutado en la plaza del pueblo a la vista de todos), para que todos los demás aprendieran que les esperaba si osaban desafiar el poder del hombre blanco (el único que podía andar a caballo).

Así pues a lo largo de la historia se fue forjando una identidad de un sujeto dominado, de un sujeto sometido, de una masculinidad replegada frente a la autoridad y el poderío que definió la masculinidad hegemónica del hombre blanco.

Ahora que no existe peligro de castigo ejemplar y que la dominación colonial se ha desplazado hacia otras formas menos directas, se ha abierto un espacio para reformular y redimir (en el más claro sentido mesiánico de Walter Benjamín) esa masculinidad humillada y sometida. Es desde ese pasado de humillación, dominación, de violación y de sangre, de hombres y guerreros aplastados por la violencia colonial que emerge el grito doloroso que revienta en las cantinas al calor del agua ardiente y al son de la marimba que llena de valor al hombre indígena para enfrentarse y dominar uno de los demonios que habita profundo en su subconsciente. Estas masculinidades que emergen de ese pasado de dominación han elegido como ritual de autoafirmación heroica el jugarse la vida desafiando la autoridad y el poder hombre blanco dominando supropio instrumento de dominación. El SkachKoyl es una clara y explicita manifestación de rebeldía y desafío al poder y a la violencia de la masculinidad blanca hegemónica. Desde el dolor del pasado, como diría Benjamín, irrumpen los recuerdos de violencia colonial (que siguen viviendo), para redimir y honrar a los caídos, instituyendo nuevas formas de vivir sus identidades en clara rebeldía al poder colonial.

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Fernando Jerez

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