Soda Stereo: “un hombre alado prefiere la noche”

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Un punto inadvertido muchas veces: En la ciudad de la furia es un intento de diálogo. Mientras en Cuando pase el temblor la primera sintonía es el yo solitario que va encontrando interlocutor, en esta canción todas las estrofas van entablando un diálogo no respondido. El diálogo tiene un tono de desnudez y confesión, volcándose a un futuro de transformación. En la primera estrofa el vuelo del poeta le brinda un conocimiento del interior de la sociedad donde vive, sabiéndose en el fondo íntimamente ligado a ellos:

 

Me veras volar
por la ciudad de la furia
donde nadie sabe de mí
y yo soy parte de todos.

 

En la gran urbe el poeta-músico es un hombre ignorado en su más hondo ser. Él, más bien se presenta como un volador. El vínculo entre los habitantes de la ciudad es antes que todo la ignorancia generalizada, la indiferencia mutua. Solo la furia y el desconocimiento son los elementos que cohesionan a la sociedad urbana. Tal como nos lo presenta Alfredo Lois en el video, las mujeres, los carros, los hombres, los edificios, las ventanas, las cúpulas, las piedras, las rejas, las cárceles son todas presencias intercambiables, conmutativas. El todo es un «enorme arsenal de mercancías» como diría categóricamente Marx al iniciar el primer tomo de El Capital. Al percatarse de la desesperante igualdad de los días bajo el peso de «la ciudad de la furia», Cerati evidencia el carácter mitológico del tiempo:

 

Nada cambiará
con un aviso de curva.
En sus caras veo el temor,
ya no hay fabulas
en la ciudad de la furia.

 

El único norte es el desprecio por los discursos y la política. Si bien fácilmente se puede achacar a la generación de los ochentas desvincularse de las luchas y compromisos sociales, también es cierto que han recibido la experiencia de un caos normalizado. Los sueños del pasado solo los heredan como epitafios, culpas y explicaciones de una guerra que, desde niños, han sentido externa. Entre todo esto  la única certeza del poeta Cerati es que las calles no pueden conducir más que a curvas predeterminadas, de la misma manera como el sistema electoral puede poblarse de partidos de izquierda y derecha para, ambos, mantener el sentido único de la vida bajo la sociedad mercantil. Los habitantes de la ciudad-estado viven presos de la furia del todo e, impotentes, hacen de su caminar un simple gesto de reproducción de las horas bajo el trabajo asalariado. La rabia activa de los revolucionarios del pasado se troca en el miedo e impotencia del presente: «en sus caras veo el temor». No es cuestión de actitudes individuales o clasistas sino de experiencias golpeadas, generalizadas. El discurso de un mundo distinto y la lucha por alcanzarlo se ha perdido. El horizonte revolucionario se convierte en una enorme fábula: tan solo una enseñanza moral sometida a la ciudad de la furia. La acción se convierte en constante defensa de lo poco que queda de íntimo en el individuo.

 

Me veras caer
como un ave de presa,
me veras caer
sobre terrazas desiertas,
te desnudaré
por las calles azules,
Me refugiaré
antes que todos despierten

El poeta se desdobla en el carácter aéreo de su existencia y nocturno de sus movimientos. La rabia contra la ciudad que lo encarcela la convierte en acecho solitario. Por eso, como un ave de presa, rompe la contemplación de su vuelo para lanzarse en rápida caída sobre algo indeterminado en el suelo. Hay aquí un momento fatal de la experiencia urbana, una furia contenida. Este vuelo de caza es a la vez sumamente tímido al llegar al elemento terreno y sólido de la existencia. Allí, verdaderamente como un ave en el suelo, es vulnerable. El poeta camina en las «terrazas desiertas», se desnuda en la oscuridad de las «calles azules», se refugia momentos previos al despertar de la ciudad. El temor constituye su rabia, su rabia se acrecienta en su soledad. El «sol» lo convierte en un habitante normal de la ciudad, impidiéndole el vuelo ya que con la luz «se derriten mis alas». Cuando las penumbras regresan el temor de ser descubierto desaparece y, de nuevo, puede salir a sobrevolar la ciudad. Este secreto anhelo es el que lo une con los demás seres humanos. El coro recoge el momento súbito de unión de Persiana Americana pero desde el carácter confesional de quien, huyendo, se refugia:

 

Me dejarás dormir al amanecer
entre tus piernas,
entre tus piernas.
Sabrás ocultarme bien y desaparecer,
entre la niebla,
entre la niebla:
Un hombre alado extraña la tierra.

El vuelo solo puede coincidir en el suelo con un lugar que le permita seguir siendo él mismo, soñando despierto. El poeta lo encuentra y afirma en el lugar del sexo: «entre tus piernas». Esto puede leerse de dos maneras. Uno, como rebasamiento de la moral urbana, dos, como encuentro del sueño con el carácter físico y redimido del contacto humano en éxtasis. Hasta el momento la ciudad solo correspondía en la equivalente ignorancia de todos contra todos, una furia generalizada que ilumina cada rincón con su falsa luz de reflector. En la desnudez el poeta se siente débil y expuesto ante la omnipresencia de la furia de la ciudad: «Sabrás ocultarme bien y desaparecer entre la niebla». La amante debe estar dispuesta a cuidarlo con características maternales y, probablemente, desdibujarlo de su yo.

5. Caída

El hombre huye del poeta en el momento de la unión subterránea y se pierde «entre la niebla». Con esto repite el silencio de sus progenitores durante la dictadura y emprende, de nuevo, el vuelo celestial, a todas luces una reivindicación oculta de la clase social que ve en todo lo terreno lo opresivo mas no la potencial llama de la liberación. El cantante ha dejado de creer en los meta relatos y los lee  como «fábulas». El precio de su escape – utilizando la metáfora de la sociedad del valor –  es vivir extrañado en las alturas y, a la vez, extrañando «la tierra». Esta sería la generación del consumo, la carrera ascendente en dinero y el entreguismo a los gobiernos que vendieron el capital constante de los Estados. Su momento de verdad es su constitución como poeta del sobrevuelo nocturno, su momento falso y mitológico: su alejamiento del suelo y de la lucha por la humanidad.

 

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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