Somos estas heridas y estos conflictos

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¿Quién no quisiera que este país (y el mundo, claro) fuese un lugar más vivible y habitable, más bello? Por decir algo, que no existiera violencia homicida y no hubiera robos, o que fueran muy pocos. Que los niños fueran felices y saludables, llenitos y sonrosados, que fueran todos y todas a la escuela y que se educaran bien. Que existiera salud para todos, de calidad. Que  no hubiera existido, hace apenas algunas décadas, un conflicto fratricida (el más cruento de América Latina) en el que fueron asesinados miles de forma impune. Vaya, se trata de soñar, que hubiera vivienda para todos y que el sistema de transporte público cubriera de manera eficiente las ciudades y el interior. No es el reino de la libertad (ni mucho menos), pero sí un país más humano, más decente.

En lugar de ello, somos estas heridas y estos conflictos.

Hace no muchos años, el Estado, sobre todo el ejército, reprimió brutalmente al movimiento revolucionario y todo aquél que creyera, de una forma u otra, que el país podía cambiar. Hubo miles de muertos y desaparecidos. Las heridas no han cicatrizado. No nos hemos reconciliado (¿tendríamos que hacerlo en estas condiciones de impunidad?).

Hoy, somos uno de los países más violentos del mundo. Aunque hemos de reconocer que la violencia homicida ha bajado (ya no son 18 los muertos diarios), sigue siendo una cifra bárbara de homicidios, robos, violaciones, etc.

La mayoría de la población es pobre o extremadamente pobre. La mayoría de trabajadores y trabajadoras, encuentran empleos informales, mal pagados, sin prestaciones, con jornadas largas y con sueldos que no alcanzan para vivir dignamente. Otros, unos cuantos afortunados, ganan cantidades asquerosas de dinero. En medio, un delgado colchón de clase media. Alienado. Con los ojos puestos arriba, sin ver el abismo de abajo.

Se creyó que la democracia traería cambios positivos. Ahora nos enfrentamos a un sistema político despreciable y corrupto. Se nos vendió la idea (muchos lo siguen creyendo) de que la democracia y el libre mercado traerían desarrollo para todos. Un mal chiste, ¿no?

Claro, siempre hay cosas buenas. Si no, no fuera posible sobrevivir. Pero no se trata de “pensar positivamente” para que las cosas cambien y vayan mejor. Se necesita un esfuerzo colectivo inmenso que implica organización y un programa político. No es sencillo, pero si no, ¿cómo?

¿Cómo dejar de ser estas heridas y estos conflictos?

 

 

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

2 comentarios

  1. Me agrada su articulo Sr. Mariano Gonzalez, y me agrada porque crei que solo yo pesaba en mis meditaciones sobre lo que mis sueños vuelan en mi mente cuando pienso la NUESTRA GENTE HUMILDE de Guatemaltecos, que son la mayoria. Yo creci con la influencia de mi Señor Padre en la epoca de los años 1960s , 70s y 80s, por lo que me ENOJA de sobre manera como la ambicion del DINERO FACIL, se ha apoderado de las ultimas generaciones. Pero yo soy un soñador que estoy seguro que las nuevas generaciones analizaran sus vidas para, para escoger entre el “dinero facil”, o ser mas humano y justo, TODO ES POSIBLE . Walt Disney soño lo suficiene , y AHORA podemos ver palpablemente a lo que sus sueños han llegado.

    • Mariano González
      Mariano González on

      Agradezco su comentario Adalberto. Ojalá que la indignación y los sueños pudieran convertirse en fuerzas colectivas.

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