Sueños para decir adiós

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Es conocido que la muerte de un ser querido es uno de los grandes dolores que depara la vida. Aun en las circunstancias más benignas (una muerte por vejez y de manera apacible), el dolor y el vacío que las personas dejan en los que les sobreviven, es difícil de afrontar. No digamos en las innumerables situaciones de violencia, enfermedad y pobreza que se dan en el país.

No es casual que existan una serie de procesos y dinamismos que buscan hacer frente a estas pérdidas. Es lo que conocemos como duelo. ¿Y qué implica una “elaboración del duelo”?

Contrario a cierta visión clínica, a veces bastante unilateral, esta elaboración del duelo implica diversos aspectos que no son reductibles a lo puramente individual. Un autor considera, por ejemplo, que el duelo comprende el “conjunto de fenómenos que se ponen en marcha tras la pérdida: fenómenos no solo psicológicos (los “procesos de duelo”), sino psicosociales, sociales, (el “luto”), antropológicos e incluso económicos”.

Los recursos que las personas utilizan para afrontar las pérdidas pueden resultar sorprendentes. Aquí quisiera señalar uno en particular: los sueños que sirven para decir adiós.

En efecto, conozco algunos casos en que un sueño ha servido para que las personas dolientes puedan “hacer las paces” con los familiares muertos y cerrar adecuadamente su duelo.

Una señora de 61 años de edad, casada y estudiante de los primeros años de la universidad, refiere que sufrió bastante con la muerte de su padre cuando este tenía 88 años. Ella explica que se entristeció mucho porque el padre no aceptaba morir y así se lo repetía. Pasó 4 años fuertemente deprimida hasta que un día le pidió ayuda a Dios. Esa noche soñó que Jesús, vestido de blanco, la lleva a su papá y realizan el siguiente diálogo:

J. —¿Quieres a tu padre?
M. —Sí
J. —Te lo doy con una condición
M. —¿Cuál es la condición?
J. —Te lo dejo como se fue
M. —¿Enfermo?
J. —Sí, enfermo
M. —Entonces mejor llévatelo.

Después de ese breve diálogo se despierta y exclama: “Pero Dios, si Jesús estuvo aquí”. A partir de este sueño cambia y siente que el padre, ahora, la acompaña, la cuida y le ayuda. Y en situaciones difíciles, como en los exámenes de la universidad, ora en silencio así: “Papaíto, venga a ayudarme”.

El segundo es el de una mujer de un poco más de 50 años que pierde a su mamá y que, debido a que vivían en ciudades distintas, no puede llegar a verla antes de que fallezca. Se siente culpable y deprimida hasta que, meses después, sueña con la madre que se le acerca y le pregunta, como solía hacerlo: “¿Quiere cafeíto, mamaíta?”. A partir de ese sueño considera que la madre ya la perdonó por no haber llegado a tiempo a su lecho de muerte y se siente mucho mejor.

Finalmente, otra mujer, profesional universitaria, pierde al padre. En este caso, vive en otro país y tampoco puede verlo por última vez. Solo puede asistir al funeral. Posteriormente regresa a donde reside y algún tiempo después sueña que el padre llega a su habitación y le da un abrazo. Tiene la sensación muy viva de la presencia del padre y considera que es la forma en que se despide de ella. También es evidente que a partir de este sueño se siente mucho mejor.

Es claro que hay obvias diferencias entre estos tres casos. Dificultades previas en las relaciones, sentimientos de culpabilidad, edades distintas, etc. Sin embargo, hay notorias similitudes como el hecho que son mujeres, que pierden a una de las figuras parentales y que el sueño es muy importante como parte del cierre de sus procesos de duelo.

¿Qué explicación se le puede dar a estos casos? Sin poder entrar a detalles interpretativos, es evidente que, en los términos que planteara Freud, hay una realización de deseos en los tres sueños. La figura querida (o un sustituto en el primer caso), aparece y realiza una acción afectuosa, que transmite calidez.

Sin embargo, no es únicamente reconociendo este carácter como se explica la capacidad sanadora de estos tres sueños. Solo es posible si se toma en cuenta el contexto religioso en el que ocurren. En efecto, las tres mujeres participan de las creencias religiosas y populares de su entorno. Aunque no está claramente “codificado”, existe la creencia de que las personas fallecidas pueden comunicarse con los vivos. Es evidente que en un contexto completamente secular, esta creencia no funcionaría de la misma forma (podría ser similar, no lo sé, pero el efecto quizá no sería igualmente benéfico).

Si se me permite utilizar una analogía tomada en préstamo de la pragmática, estos sueños, además de su carácter de realización de deseos, también son “performativos”, es decir, que debido a una serie de “condiciones de felicidad” (J. Austin), tienen un efecto en la realidad y son catalizadores de cambios y de una situación emocional distinta a la que existía previo a su realización.

Es posible suponer que antes de que sucedieran estos sueños, se venían produciendo ciertos procesos emocionales que no serían totalmente conscientes para las personas. Estos procesos preparan el sueño que representa una realización de deseos bastante sencilla y clara. Pero dado el carácter mágico que se le atribuye a los sueños así como a las creencias religioso-populares que existen en el entorno de estas mujeres, las personas realizan una interpretación que les resulta altamente beneficiosa. El sueño de que la madre le ofrece café con las palabras exactas con las que lo hacía anteriormente, hace que se interprete que la madre ya le perdonó el hecho de no haber podido estar en su lecho de muerte.

En una sociedad tan golpeada por la muerte y la violencia, es sorprendente ver los recursos que se utilizan para afrontarla. Incluso hay casos en los que los sueños sirven para decir adiós.

 

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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