Superando mi prejuicio al feminismo

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Cristina HernándezPor Cristina Hernández*

No, esto no se trata de luchas epistemológicas sobre qué es el feminismo, ni atrincherarse para ver quién tiene el mejor argumento sobre por qué o no serlo. Simplemente quiero compartirles cómo el feminismo ha permeado mi forma de ser y ver el mundo, me ha cuestionado sobre cómo he llevado en silencio mi caminar por las calles; con esa naturalidad que así es, que como mujer tiene que cuidarse más que el hombre. Es así y ya. Ser mujer ha sido desde tiempos de antaño una desventaja. El hecho de que hoy podamos hablar de esto y denunciarlo, ha sido una lucha que ha llevado demasiado tiempo. Estamos en un presente en el que no tenemos por qué fingir que todo está bien tal y como está, ni aceptar la burla del “vos no podés dejá que yo lo haga”, vos no ganés más que yo”, “vos no disfrutés del sexo que eso no te hace una buena mujer”, etc. etc. etc.

Pero lejos de preguntarnos qué es una buena o mala mujer, yo me plantearía una pregunta que quizá no la hemos hecho lo suficiente: ¿qué es ser mujer?  Ha sido desde esa mirada feminista que he podido ahondar más en esta respuesta. Específicamente la lectura de dos feministas, Jean Shinoda y Marcela Lagarde. Las leímos y discutimos entre mujeres en una colectiva en la que buscamos la consciencia propia a través de la lectura de otras mujeres.

Caí en la cuenta de que en el mundo del día a día, de las relaciones sociales, hay una tendencia absolutista de cómo debiéramos comportarnos. Por un lado, se critica a la mujer maternal, cariñosa, protectora; pero en otros círculos la crítica es a la mujer soltera profesional que seguramente es infeliz porque no ha cumplido con el propósito en la vida de ser madre. Lo engañoso aquí es la apuesta dicotómica, ser esto o aquello. Y ni hablemos de la carga estética del deber ser del cuerpo. Estas representaciones han hecho mucho daño para que podamos vivir la sororidad, que más allá de la hermandad entre mujeres, se trata de un desaprendizaje, dejar de competir entre nosotras para vivir nuevas experiencias de complicidad y alianza que potencie nuestras acciones hacia la construcción de una sociedad más justa. Esta competitividad no es consecuencia de un pensamiento individual ha sido parte de un sistema patriarcal que para entenderlo solo hay que revisar la historia y ver cómo se ha hecho invisible a la mujer.

Cuando dije sí a formar parte del Observatorio Contra el Acoso Callejero temía que me vieran como feminista, no quería que empezaran con sus: “Ahora odiás a los hombres”, “Qué, sos lesbiana”, “Bruja, exagerada, radical…” Pero las feministas que yo he conocido y leído son mujeres valientes y luchadoras que aman, que se cuestionan todo, desde los roles de género pero también la exclusión social, las relaciones de poder desde la cotidianidad. Las feministas no odian a los hombres, aprenden a amar con libertad, no tiene que ver con preferencias sexuales y sobre la radicalidad lo único que puedo decir es que la feminista más radical que conozco ha sido la que ha donado su tiempo, conocimientos y pasión formando el Observatorio contra Acoso Callejero en Guatemala, si eso es ser radical, nos hace falta más radicalidad en nuestros ideales.

Así que este es el reto que yo lanzo, que vean el feminismo no solo como una teoría sino como un movimiento que permite la transformación que tanto hace falta a nuestro país. Sin etiquetas, no hay que andar por la calle gritando “soy feminista”, solamente hay que estar con los ojos abiertos, proponiendo y denunciado las contradicciones en cuanto a democracia y derechos se trata, evidenciando que hay situaciones en Guatemala que podemos ir cambiando, desde la cotidianidad. Si Podemos, ¿por qué no hacerlo?

 

*Ave residente. Mujer, lectora, con muchas preguntas. Coordinadora de Articulación del Observatorio contra el Acoso Callejero en Guatemala, Ocacgt
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1 comentario

  1. Señora, Cristina Hernandez, me gusta su articulo, ya que nos pone al descubierto el comportamiento de los hombres hacia las mujeres, simplificando este COMPLEJO comportamiento del hombre, y como la mujer lo debe analizar, me atrevo a indicar principalmente a la POCA EDUCACION Y BUENAS COSTUMBRES del hombre y la mujer Latino Americana, y por consecuencia Guatemala no se escapa. Por ejemplo YO admiro a la mujer por lo que ahora le llaman la ” QUIMICA que erradian “, y claro cuando lo hacen hacia un hombre en particular para atrer su atencion , por lo que el HOMBRE si no reacciona a este estimulo, seria un ZOMBI, y YO lo criticaria, porque la NATURALEZA es ASI, ha hecho a la mujer con una belleza incomparable, la NATURALEZA es sabia QUE HACE ESTA QUIMICA, para que la “raza humana siga en este mundo procreandose “, claro TODO tiene que tener sus limites aceptables, del hombre , asi como la provocacion femenina. Yo ME IMAGINO, que su preocupacion son los INSULTOS Y BULGARIDADES QUE los hombres EXPRESAN en las calles, y le doy toda la razon, PERO LA BULGARIDAD existe en todos lados del mundo , no solo en Guatemala, tambien en Estados Unidos donde resido ahora, aca es un poco diferente donde UNA MIRADA, puede suplir a una bulgaridad verbal, que tambien ofende. Una conclucion seria la ” poca educacion , y buenas costumbres”, es el factor a mencionar. Talvez opino asi por ser ya una persona mayor.

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