Teatro en Molière (ii): carnaval, risa, guerra

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La primera parte se puede leer aquí

La risa de los poderosos se construye con el material de las tragedias que provocan. Durante sus años de viaje por aldeas y ciudades –1646-1647 a 1658– , Molière fue testigo de las guerras del reino, del dominio de los señores pero, también, de la abierta y callada rebeldía popular. Adentrémonos en este teatro que, contradictoriamente, lleva la alegría, la resistencia y la tragedia a los ojos mismos de Luis XIV y de nosotros.

3. Actuar para el Rey y levantar el Carnaval

Dorilas: La foudre menaçant qui perce avec fureur
L’affreuse obscurité de la nue enflammée
Fait d’épouvante et d’horreur
Trembler le plus ferme coeur;
Mais à la tête d’une armée
LOUIS jette plus de terreur

Le Malade imaginarie, Le prologue (Molière, 1986: 31) (2)

Luis XIV es considerado el apogeo de la monarquía francesa y de su expansión mercantil. Claro, no estamos hablando de la expansión imperial napoleónica, impulsada por las fuerzas revolucionarias de finales del siglo XVIII e inicios del XIX, pero sí de un radical cambio entre las distintas Francias regionales, locales y el proyecto centralizador de la Corona. Él mismo un amante de la danza, de la música y del teatro, Luis XIV fue quien dio inicio a la construcción del Palacio de Versailles. El arte, en este sentido, fue parte primordial del proyecto estatal del mercantilismo y expansionismo francés durante el siglo XVII. A su regreso a Paris, Jean-Baptiste Poquelin sería reconocido bajo sus propios términos, aquellos del teatro de Molière y su compañía. El apoyo real le permitió entonces regresar a Paris en términos de protegido del Rey, no solo contra la dificultad de los usureros sino, también, contra la censura de los devotos religiosos de aquellos años, tan incrustada en la misma monarquía. En ese sentido, Luis XIV fue un rebelde contra esas formas arcaicas de la monarquía e introdujo un proyecto modernizador, crítico a las prácticas que imposibilitaban, a la vez, su dominio plenipotenciario. Dos ejemplos de esta autonomía del rey: el superintendente de música, Lully, era un italiano nacionalizado francés y la compañía de Molière pasó a ser denominada real. Esto muestra las puertas que abrió Luis XIV a extranjeros y críticos del mismo tradicionalismo religioso y cortesano, permitiendo que nuevos aires entraran en espacios monopolizados estamentalmente.

La genialidad de Molière había sido llevar las voces populares, su dolor y vida, a la escena teatral. El espíritu carnavalesco medieval era, en Molière, tomado como eje principal de una reflexión sobre los cambios profundos en la Francia de la expansión mercantilista. De ahí, pues, que el tema central fuese el conflicto entre autoridades tradicionales –patriarca, propietario feudal– y un nuevo proceso de construcción de la autoridad –comprador de cargos y títulos nobiliarios, comerciante. El hilo fino de este proceso es la rebelión contra la autoridad tradicional, representada en la Iglesia y los devotos (Tartuffe), en la dominación patriarcal sobre las mujeres (L’École des femmes), el robo notarial de los antiguos propietarios (Le Malade imaginaire). En todos ellos, lo que parece una disputa entre autoridades y poderes solo cobra fuerza crítica, autoconsciente podríamos decir, en la servidumbre que sufre y se percata de las irracionalidades de la dominación clasista. Son las mujeres sirvientas (Tartuffe, Le Malade imaginaire), los cocineros-cocheros (L’Avare) quienes, incluso bajo amenazas de ser colgados, golpeados a batonazos, se atreven a decir la verdad. En algunos casos, como Toinnette, incluso se sumergen en el mismo mundo enfermo del propietario y clase dominante para, así, intentar curarlos de su propia destrucción. Esto, sin duda, es parte de ese espíritu popular-carnavalesco (3) proveniente del Medievo europeo, ahí donde las fechas religiosas eran convertidas, a su vez, en críticas sociales, inversión de las jerarquías, el paso de la tragedia a la comedia. Bajtín, el analista literario ruso, captó ese proceso en las obras de Rabelais. De manera que a través de Molière esas voces del mundo crítico-carnavalesco suben al teatro de la Corona, haciendo reír al Rey y enfadar a los Devotos mientras, en el campo y las ciudades, el pueblo adolorido seguía luchando por vivir.

4. La risa, el dolor, la posibilidad

Madame Jourdain: Jouez des comédies qui explorent l’âme humaine.
Molière: Ce genre de comédies n’existe pas.
Madame Jourdain: Et bien inventez-le!

Escena de la película Molière (2007), de Laurent Tirard (4)

El Estado de Luis XIV es la síntesis contra lo popular local, contra la tradición autónoma regional, contra una nueva manera de articular las relaciones en el campo desde lo comunal. El absolutismo es, pues, un proceso de subordinación armada y tributaria contra la variedad comunal en Francia, contra la esencia del Carnaval, de Rabelais. Es aquí donde Molière se hará famoso como individuo, pese a que su fuerza es el colectivo, lo popular, lo crítico, captado y expresado por su genio. El individuo es, también, figura contradictoria de la sociedad burguesa que deja en segundo plano la construcción misma del conocimiento y la risa: no se puede reír como mónada, sino en comunidad. Por eso hay que aprender a leer a Molière como rebelde contradictorio: elevado por el Rey y, a la vez, elevando el Carnaval por sobre un tipo de dominación, la tradicional-directa, desde un universo nuevo de rasgos burgueses que resquebrajan esta autoridad.

En la película Molière (2007), dirigida por Laurent Tirard, imaginan el momento preciso en que el escritor hace nacer, desde la tragedia, la comedia misma. Dos momentos de muerte son los que en la película hacen que Molière supere el temor y se lance a lo desconocido. El primero es cuando se separa de su amada, “Elmire” y el segundo es cuando, años después, ya famoso, vuelve a ver a Elmire en la agonía. En la primera sobrelleva la muerte de su amor lanzándose a hacer el teatro en los pueblitos más alejados de Francia, haciendo lo que ama, dando a conocer su arte. En el segundo, en las postrimerías de su primera actuación frente al hermano del Rey, cuando decide hacer de su luto de separación y muerte una obra de teatro con la profundidad de la tragedia expresada como comedia. En la película, una bella escena: el abrazo de los actores es acompañado de las lágrimas del solitario Molière tras el escenario. Allí, en esos dos momentos, uno público y otro escondido, Molière ha hecho de un acto bello la raíz de una nueva posibilidad histórica: la comedia como tragedia y viceversa. Esta es la película de Tirard en 2007, claro, pero me parece una interpretación que toca parte de esa experiencia histórica. Pero, ¿cómo captó esta sutiliza Molière?
Bibliografía

Anderson, Perry. (1974/2011). El Estado absolutista. México: Siglo Veintiuno editores, pp. 592

de Julleville, Petit (1898). Histoire de la Langue et de la Littérature française, des Origines à 1898. Paris: Armand Colin & Cie, Éditeurs, Vol. V.

Levi, M. «Introduction: Molière» (pp. v-xxix) en: Molière (Poquelin, Jean-Baptiste). (1668 / 1900). L’Avare. USA: D.C. Heath & Co., publishers. M. Levi (editor), pp. 181

Marx, Karl. (1980b). Grundrisse. Manuscrits de 1857 – 1858. Tome II. Paris: Éditions Sociales

Molière (Poquelin, Jean-Baptiste). (1668 / 1900). L’Avare. USA: D.C. Heath & Co., publishers. M. Levi (editor), pp. 181

Molière. (1673/1986). Le Malade imaginaire. Comédie mêlée de musique et de danses. Paris: Librairie Générale Française, Le livre de Poche, pp. 192

Notas
(1) Este escrito es la segunda de tres entregas que reflexionan sobre el Teatro en Molière desde tres perspectivas: i) Hacer lo que apasiona, ii) Carnaval, risa, guerra, iii) Mirar con ojos de pueblo.

(2) «Dorilas: el rayo amenazante que penetra con furor / la espantosa oscuridad de la nube encendida / Hace de espanto y de horror / temblar el corazón más firme / pero a la cabeza de un ejército / LUIS provoca aún más terror.» (Le Malade imaginarie, Le prologue (Molière, 1986: 31)

(3) Sobre el carácter popular y festivo en Le Malade imaginaire, refiero al escrito: «Molière y el espíritu crítico-revolucionario» (Palencia, octubre 2015), disponible en: http://elsalmon.org/el-espiritu-critico-revolucionario-en-moliere/

(4) «Madame Jourdain: interprete comedias que exploren el alma humana. Molière: este tipo de comedias no existe. Madame Jourdain: y pues bien, ¡invéntela!» Escena de la película Molière (2007), de Laurent Tirard

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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