Teatro en Molière (iii): mirar con ojos de pueblo (1)

0

El que los hombres tengan ojos no significa que miren humanamente. Por ende, en nuestra historia debemos aprender a observar, escuchar, oler, gustar de modo humano. Marx, gran admirador de Cervantes y de Molière, lleva la lucha de emancipación hasta la liberación de los sentidos y de su potencial carácter humano:

«La superación de la propiedad privada es por ello, la emancipación plena de todos los sentidos y cualidades humanas; pero es esta emancipación precisamente porque todos estos sentidos y cualidades se han hecho humanos, tanto en sentido objetivo como subjetivo. El ojo se ha hecho un ojo humano, así como su objeto se ha hecho un objeto social, humano, creado por el hombre para el hombre. (2)» (Marx, 2003).

Si alguien llegó a dominar el arte de la observación es Molière. Sus viajes por ciudades y aldeas de Francia, entre 1646-1647 a 1658, le ayudaron a perfeccionar las técnicas para percibir los detalles, los aromas, los diálogos, las mentiras, las pequeñas rebeldías, la liberación de las mujeres y la batalla por romper la autoridad. Superó, en términos de Marx, el carácter chato e instrumentalista que la división del trabajo hace de los sentidos – vista, tacto, gusto, olfato – bajo el dominio del dinero. Aprendió a ver al pueblo

5. La observación popular del contemplador

Un escrito del siglo XVII describe a Molière bajo el nombre de “Elomire”, precisamente durante su largo viaje al interior de Francia. Presenta un rasgo interesante de su personalidad:

«Elomire no pronunció palabra alguna. Lo encontré en una tienda, con la postura de un hombre que sueña. Tenía los ojos adheridos a tres o cuatro personas de calidad que negociaban encajes; parecía tan atento a su conversación que daba la impresión, por el movimiento de sus ojos, que miraba hasta el fondo de sus almas para ver lo que no decían.» (Cf. Petit de Julleville. Histoire de la Langue et de la Littérature française, vol. V, p. 23) (3)

Sin duda esta es una joya de referencia. El escrito describe a Molière como un hombre que observa, atento y en silencio, a las personas en sus actividades cotidianas, en este caso la venta y compra de telas. Llama la atención cómo nos brindan la idea del autor como imbuido en estas tres o cuatro personas, con los ojos adheridos – «les yeux collés» – viendo hasta el fondo de sus almas – «fond de leurs âmes» – incluso lo que no dicen. Parece que relata una actitud contemplativa de algo que, para muchos, resultaría completamente profano: el ir y venir de los regateos, palabras, expresiones, gestos, movimiento de las manos, de los labios, de los ojos, las miradas, la ropa de las personas en un simple acto de intercambio.

Será esta actitud y capacidad de observar la que otorgará a Molière, durante sus años de viaje con su grupo de teatro, la riqueza de sus personajes y diálogos. El profesor Levi (1900, vii, viii) nos relata otra anécdota en la búsqueda de Molière por la observación de lo cotidiano y popular:

«En Pézenas, además, fue preservado durante mucho tiempo un sillón en donde Molière solía sentarse para escuchar la conversación de los clientes de un cierto Gély, quien era barbero de profesión. Tal silenciosa reflexión sobre todo lo que acontecía a su alrededor forma un rasgo característico del carácter del poeta, y durante sus largas andanzas en las provincias encontró una amplia oportunidad para desarrollarla al más alto nivel. Boileau lo llama el Contemplador. Esta tendencia hacia la observación calmada y reflexiva se incrementó a medida que se hizo viejo y su experiencia en la vida se acrecentó.» (4)

Veamos algunas inferencias de este su arte. Uno, tiene un lugar específico desde donde se sienta durante horas a escuchar conversaciones al azar. Dos, ha escogido un lugar singular, una barbería, el cual suele ser apto para conversaciones que, por momentos, rebasan incluso el simple recorte del cabello. Tres, nos llega hasta hoy el nombre del barbero – «un cierto Gély» nos dice Levi –, de lo cual podemos inferir una apreciación personal, de un ambiente específico, acomodado para lo que parece ser algo metódico en Molière: la observación popular. Claro, esto no excluye que se pare de repente en una tienda y vea a los comerciantes, sus disputas, sus negocios. Cuatro, Levi considera que este fue un rasgo intrínseco de su carácter el cual fue desarrollando a tal perfección hasta bien entrada su vejez. La mezcla entre una profunda observación y la experiencia de la vida permitieron al autor captar el desenvolvimiento de lo cotidiano, las expresiones populares de rebeldía, las contradicciones entre nobles, clero y comerciantes, las sutilezas del cortejo.

Bibliografía

Anderson, Perry. (1974/2011). El Estado absolutista. México: Siglo Veintiuno editores, pp. 592

de Julleville, Petit (1898). Histoire de la Langue et de la Littérature française, des Origines à 1898. Paris: Armand Colin & Cie, Éditeurs, Vol. V.

Levi, M. «Introduction: Molière» (pp. v-xxix) en: Molière (Poquelin, Jean-Baptiste). (1668 / 1900). L’Avare. USA: D.C. Heath & Co., publishers. M. Levi (editor), pp. 181

Marx, Karl. (1980b). Grundrisse. Manuscrits de 1857 – 1858. Tome II. Paris: Éditions Sociales

Marx, Karl. (1844 / 2003). Manuscritos de economía y filosofía, 1844. Madrid: Alianza editorial, pp. 249

Molière (Poquelin, Jean-Baptiste). (1668 / 1900). L’Avare. USA: D.C. Heath & Co., publishers. M. Levi (editor), pp. 181

Molière. (1673/1986). Le Malade imaginaire. Comédie mêlée de musique et de danses. Paris: Librairie Générale Française, Le livre de Poche, pp. 192

(1) Este escrito es la tercera de tres entregas que reflexionan sobre el Teatro en Molière desde tres perspectivas: i) Hacer lo que apasiona, ii) Carnaval, risa, guerra, iii) Mirar con ojos de pueblo

(2) La cita continúa: «Los sentidos se han hecho así inmediatamente teóricos en su práctica. Se relacionan con la cosa por amor de la cosa, pero la cosa misma es una relación humana objetiva para sí y para el hombre y viceversa. Necesidad y goce han perdido con ello su naturaleza egoísta y la naturaleza ha perdido su pura utilidad, al convertirse la utilidad en utilidad humana.» (Marx, 2003)

(3) «Elomire n’a pas dit une parole. Je l’ai trouvé appuyé sur une boutique, dans la posture d’un homme qui rêve. Il tenait les yeux collés sur trois ou quatre personnes de qualité qui marchandaient des dentellles; il paraissait si attentif à leurs discours, qu’il semblait par le mouvement de ses yeux qu’il regardait jusqu’au fond de leurs âmes pour y voir ce qu’elles ne disaient pas.» (Cf. Petit de Julleville. Histoire de la Langue et de la Littérature française, vol. V, p. 23. Citado por Levi, 1900)

(4) «At Pézenas, moreover, there was preserved for a long time an arm-chair in which Molière used to sit in order to listen to the conversation of the customers of a certain Gély, who was a barber by trade. Such silent reflection on everything that was going on around him forms a characteristic trait of the poet, and during his long wanderings in the provinces he found ample opportunity to develop it to the highest degree. Boileau called him the Contemplateur. This tendency towards calm observation and reflection increased as he grew older and his experience of life became enlarged.» (Levi, 1900: vii, viii)

Share.

About Author

Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

Leave A Reply