Tecnología vs Pensamiento Crítico

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karlashclesingerPor Karla Schlesinger

“Había una norma muy reveladora: los esclavos debían seguir siendo analfabetas. En el sur de antes de la guerra, los blancos que enseñaban a leer a un esclavo recibían un castigo severo. Para tener contento a un esclavo es necesario que no piense. Es necesario oscurecer su visión moral y mental y, siempre que sea posible, aniquilar el poder de la razón. Esta es la razón por la que los negreros deben controlar lo que oyen, ven y piensan los esclavos. Esta es la razón por la que la lectura y el pensamiento crítico son peligrosos, ciertamente subversivos, en una sociedad injusta.”

“Tengo un presagio de la época de mis hijos o mis nietos, […] cuando los increíbles poderes tecnológicos estén en manos de muy pocos, y nadie que represente el interés público pueda siquiera entender los problemas; cuando la gente haya perdido la capacidad de establecer sus propias agendas o cuestionar sabiamente a quienes tienen autoridad; cuando, abrazados a nuestras bolas de cristal y consultando nerviosamente nuestros horóscopos, con nuestras facultades críticas en declive, incapaces de distinguir entre lo que se siente bien y la verdad, nos deslicemos de vuelta, casi sin darnos cuenta, a la superstición y la oscuridad.”

–Carl Sagan, El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad–

El presagio de Carl Sagan se hizo realidad. El potencial que tuvimos al principio de esta era de rápidos cambios tecnológicos, no lo supimos aprovechar para crear una sociedad más inteligente. Trágicamente, es posible que tanta tecnología no haya servido más que para jalarnos violentamente de vuelta a un pasado de guerras tribales, solo que ahora con armas nucleares.

Tenemos todas las enciclopedias del mundo a nuestro alcance. Literalmente podemos acceder a todo el conocimiento de la humanidad con las puntas de nuestros dedos. ¿Por qué no somos más sabios? Es realmente sencillo de explicar: la tecnología avanza exponencialmente, mientras nuestra capacidad mental avanza aritméticamente… a paso de tortuga, cuando avanza.

Esa es la razón de que cualquier idiota con la habilidad de hacer videos de buena calidad, pueda abrir la boca y dejar salir un torrente de veloz verborrea y vendérnosla como sentido común, cuando no es más que un montón de falacias, calumnias  y medias verdades. ¿Tanto nos cuesta discernir la verdad, para que no podamos ver que una foto de un evento social no es “evidencia” de maquinaciones siniestras?

Seguimos siendo una sociedad primitiva si seguimos pensando que  “la izquierda” es sinónimo de totalitarismo, cuando la peor represión que ha sufrido Guatemala ha venido siempre a manos de la derecha. Es bastante pueril que la sola palabra “Venezuela” sea capaz de hacer que gente normalmente pensante se enrede en contradicciones y teorías de conspiración de lo más descabelladas, como solía ser antes con solo mencionar a Fidel. Es vergonzoso ver cómo el discurso de la guerra fría sigue espantando como si fuera el coco robaniños.

Las sociedades más avanzadas no lo son porque han tenido más suerte o más recursos. En muchos casos es lo contrario, pero han logrado que el contrato social sea más justo y equitativo, y eso solo ocurre a través de un diálogo abierto y honesto. Esto no es una utopía, se puede lograr. Estas sociedades no son perfectas ni lo serán nunca, porque están conformadas por humanos; una sociedad perfecta es imposible, pero conforme se van limando asperezas y creando consensos, se va construyendo una convivencia más armoniosa y mejor calidad de vida para todos.

Los consensos no se logran atacando a quien piensa distinto o a quien reclama sus derechos. Pero tampoco se logran haciendo llamados patrioteros, que usan símbolos patrios y propaganda nacionalista que apela a nuestras emociones y que pretende maquillar con paisajes y marimba nuestra miseria. Los consensos se logran únicamente a través del diálogo, encontrando puntos comunes con quien discrepamos. La violencia y la guerra no deben seguir siendo la manera en que resolvemos nuestras diferencias, porque las causas de los conflictos van a seguir estando allí para siempre, si no tenemos el valor de escuchar lo que nos incomoda y reflexionar.

Por eso es con gran tristeza que escribo mi despedida a El Salmón. Hoy más que nunca es necesario oír la opinión disidente, la que nada contra corriente. Si realmente queremos construir una mejor sociedad, debemos atrevernos a romper filas con nuestra tribu y examinar lo que dice el “otro bando.” De lo contrario, vamos a seguir en el mismo eterno conflicto, que siempre beneficia a los mismos, con nuestro aval y consentimiento implícito.

Nada va a cambiar de la noche a la mañana. La educación toma tiempo. Pero el pensamiento crítico se puede poner en práctica a diario. Al leer los periódicos, al ver un video, piense: “¿qué me están queriendo decir?” “¿por qué quieren que yo crea esto?” “¿quién se beneficia con que yo lo crea?”

Los problemas de Guatemala son profundos y antiguos. No se van a resolver por los cambios que haga cada persona individualmente en privado. Pero es el punto de partida necesario para un verdadero cambio en la sociedad. Un pueblo que sabe pensar críticamente no cae tan fácilmente con espejitos y promesas de transparencia y honestidad. Nos urge dejar de ser tan ingenuos.

Gracias a El Salmón por su generosidad al invitarme a participar en su espacio, y por su paciencia con mi inconstantes aportes. Fue un privilegio encontrarme en tan ilustre compañía.

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