Tengo dos hijos, ¿a cuál educo?

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La primavera por la educación en Chile:

Podría decirse que el sueño por la recuperación de la educación gratuita en Chile inició con el movimiento pingüino (de los estudiantes secundarios) en 2006 con dos propuestas claras que no han sido aplicadas hasta hoy: 1. El fin al lucro y 2. El fortalecimiento de la educación pública terminando con la municipalización. Ambas propuestas fueron desechadas en la “Ley General de la Educación” aprobada en 2008 durante el primer gobierno de Michelle Bachelet. En el año 2011 el movimiento estudiantil chileno por primera vez se unifica y los estudiantes de colegios secundarios y de las universidades de Chile salen a protestar a las calles hartos de los créditos impagables para financiar su educación y en contra de la reforma educacional impulsada por el gobierno de Piñera que pretendía aumentar la privatización en la educación. Una de las más caras del mundo porque se lucra con ella. El mensaje del movimiento estudiantil chileno se basaba en tres consignas: 1. Desigualdad en el acceso 2. Endeudamiento y 3. Estafa.

El Estado chileno desde el régimen de Pinochet ha abandonado a los estudiantes, únicamente financia el 15% de la educación superior y las familias más del 80%. Lo cual ha provocado que los estudiantes chilenos se endeuden vía créditos para poder financiar su educación, limitando así el acceso a la educación superior a los estudiantes que no están en la capacidad de adquirir o mantener dichos créditos. A la vez que han surgido grupos económicos fuertes beneficiados por la privatización de la educación, desde banqueros hasta empresarios. El historiador Gabriel Salazar a esta medida del gobierno de Augusto Pinochet la llama: “la desindustrialización de Chile, para mercantilizarlo lucrando con educación y salud”.

El cuestionamiento estudiantil al modelo educacional privado en Chile se dio con movilizaciones y propuestas. Las protestas fueron apoyadas por autoridades universitarias, profesores, familias y trabajadores. La movilización más baja que realizó el movimiento estudiantil chileno fue de veinticinco mil personas y la mayor de un millón, según encuestas el 89% de la población quería educación gratuita y de calidad, y se utilizaron formas tradicionales y creativas para protestar, para generar simpatía, captar la atención y aumentar la confianza. Desde tomas de colegios y universidades hasta predicando la revolución emulando actividades religiosas, remarcando en todo momento el mensaje: “A nuestro gran profeta Víctor Jara que nos dejó sus canciones. Líbranos de aquel que nos domina en La Moneda, tráenos educación gratuita e igualdad” (https://www.youtube.com/watch?v=531tkh7exnk). La música, los bailes y la alegría fueron componentes trascendentales para mantener el poder de convocatoria.

Mientras que los más jóvenes descubrieron que la constitución chilena no responsabiliza al Estado de la educación de su población sino a las familias. Por tanto, para cambiar completamente el modelo de financiamiento se debía reformar la constitución. Los estudiantes secundarios y universitarios en mesas de trabajo sacaron una propuesta para recuperar la gratuidad argumentando cómo se puede financiar el modelo público proponiendo para el efecto una reforma tributaria y/o la renacionalización del cobre. El gobierno de Piñera, por su parte, ante el júbilo y las protestas pacíficas respondió con represión. La estafa del lucro en la educación chilena también fue defendida con violencia y no solo con mecanismos de veto.

La cruzada por la educación gratuita extendió las clases a las calles, alumnos y maestros se encontraban sin pupitre y sin pizarrón, pero con un deseo que también es una obligación histórica. También empujó a los líderes estudiantiles hacia la política partidista, Gabriel Boric, Giorgio Jackson y Camila Vallejo fueron electos diputados, conscientes de que la materialización de los cambios termina con el levantamiento de mano en la votación del Congreso Nacional y/o con la firma del Presidente(a) de la República. La intransigencia de una facción tradicional de la clase política que es dueña de las universidades y los colegios no han permitido recuperar la gratuidad universal, pero cuatro años después comienzan a surgir las mejores flores de esa primavera que se concentró en lo más noble del ser humano: su incansable formación, para ser cada vez mejor.

La semana del 21 de diciembre de 2015 los estudiantes comenzaron a vencer, el Congreso chileno aprobó una ley que permitirá que el 27.5% de universitarios no paguen por sus estudios a partir de marzo 2016. La reforma constitucional para responsabilizar al Estado de la educación, el fin al lucro y la gratuidad universal aún son temas pendientes. Se estima que para el 2020 la educación gratuita sea universal en Chile, habrán sido catorce años los que transcurran desde que los pingüinos salieron a las calles para que la necesidad y el derecho a educarse venza definitivamente los intereses económicos de los políticos. El movimiento estudiantil chileno está cerca de ser la prueba viviente que en el neoliberalismo los grandes cambios son paulatinos y tardados, pero posibles y reales una vez el objetivo no se abandona. Tras cuatro años, comienza a florecer lo que sembró la movilización, la articulación entre sectores y la toma de decisiones en las unidades organizativas del movimiento estudiantil unificado. Deben de saber los estudiantes chilenos que, luchando por una educación pública gratuita y de excelencia, enseñaron. Le demostraron al mundo que los estudiantes pueden armar proyectos de país. Tras cuatro años de movilizaciones y propuestas, el modelo educacional de Pinochet cae en pedazos. El triunfo les ha llegado a los estudiantes chilenos y se dará por momentos. Aunque todos quisieran que fuera de golpe.


 

Referencias imperdibles:

“La primavera de Chile” – https://www.youtube.com/watch?v=oeGjsPgDm-I&feature=youtu.be

“Diputada Camila Vallejo en la discusión sobre la gratuidad el  22 de diciembre de 2015” – https://www.youtube.com/watch?v=Ayjwk7dyjNs

 

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About Author

Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

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