Un desastre de tres años

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Con fondos del erario, el gobierno central ha mantenido una campaña de auto alabanza por los supuestos logros en su gestión. Peinadito, con cara de circunstancias y vestido de ocasión, Otto Pérez Molina, quien durante la etapa proselitista se esforzaba por poner cara de malo, ahora busca suavizar el rostro del cinismo. Cuenta él que hemos mejorado en todos los sentidos.

Con un dejo de falsa, falsísima modestia, dice como quien no quiere la cosa, que aún falta por hacer y que no todo ha sido éxito. Pero, el encuadre, el sonido, el discurso y la intención inocultable del mensaje es convencer al público de que el suyo es el mejor gobierno que ha tenido Guatemala. Eso, ni la que jura por la vida de su madre muerta se lo cree. Si no, veamos los resultados de tres años de gestión desastrosa de un gobierno inútil, incapaz y corrupto.

Este gobierno se aseguró de usar la mano dura en contra de estudiantes de secundaria que defendían su derecho a la educación. La inútil Ministra de la cartera, con carita de quien no mata una mosca, permitió que los robotines de Gobernación arremetieran contra adolescentes empeñados en que la formación magisterial no desapareciera del mapa.

El poder de la fuerza bruta desde las carteras de Educación y Gobernación, impuso a lacrimógenas y porrazos un modelo educativo castrante y alienador. Al grado de que desde el presupuesto de la cartera que dirige Cynthia del Águila se eliminaron áreas como formación artística, entre otras, que resultan valiosas en la formación de jóvenes con cualidades en el ramo y para generar sensibilidad al arte.

La excusa es la de siempre, la falta de recursos. Argumento que también se utiliza para explicar por qué no se resuelve en definitiva la situación laboral de maestras y maestros contratados a destajo. Así como también se emplea para justificar la falta de edificios escolares en condiciones adecuadas y la ausencia de insumos y materiales en escuelas de todo el país. Esa situación contrasta con las celebraciones pantagruélicas del funcionariado y familiares del gobierno.

Curiosamente, ahora resulta que es el Ministerio de Gobernación (Mingob), el que imparte cursos y talleres de formación artística, deporte y expresión oral en los institutos de segunda enseñanza en la ciudad capital. Entre tanto, las auto patrullas de la Policía Nacional Civil (PNC), están paralizadas por falta de pago a los distribuidores de combustible. No hay pisto para que funcionen los vehículos naturales del Mingob pero este emplea sus recursos para realizar labores que corresponden al Miniserio de Educación. Y por si no bastara, de igual forma el Ministerio de la Defensa (Mindef), también se dedica a impartir talleres y charlas sobre principios y valores, a estudiantes de educación media.

Pero aún hay más. La crisis hospitalaria ha sido constante durante este gobierno y en las últimas semanas tocó fondo. La denuncia sobre el “rebonito” hospital neuropsiquiátrico es prácticamente aplicable en su nivel, a los centros asistenciales en todo el país. Las imágenes sobre el estado de las cocinas y la falta de agua, la carencia de alimentos para los pacientes y la falta de medicamentos son la muestra palpable de la incapacidad y la corrupción del régimen de Otto Pérez Molina. El personal médico y paramédico excede sus capacidades y su vocación humana para laborar en las condiciones en las que el gobierno le obliga a desempeñar sus tareas.

Ahora, si lo que queremos es transitar por las carreteras del país, también tendremos cómo valorar la gestión del gobierno y su “fisiquín” ex Ministro, así como el actual. Quien construye vías terrestres con postes de electricidad en el medio o es imbécil o le falta un tornillo, o simplemente le vale un comino lo que suceda en dichas rutas. Tal es su grado de prepotencia como funcionario, así como de inutilidad al frente de una cartera ministerial.

Pretender afirmar que ha sido exitoso porque maneja cifras amañadas no solo es cinismo sino desvergüenza absoluta. En su informe de gobierno, Otto Pérez Molina intentará disfrazar los resultados de su gestión. Los hechos saltan a la vista y tanto su corruptela, como su hipocresía se ven aunque no quiera. La suya ha sido una gestión desastrosa que tiene al país en crisis, al sistema de justicia en harapos, a la  institucionalidad pública devastada.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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