Un desgaste innecesario

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La imagen del presidente Jimmy Morales en señal de marchar, en la tarima del desfile militar, fue la guinda del pastel. Flanqueado por los dos generales que le acompañan en el alto mando, el mandatario parece un niño en pleno juego. Al igual que cuando el golpista Jorge Serrano daba saltitos con el bastón de mando bajo el brazo, Morales levantaba la pierna cual muñeco de cuerda en activo. El espectáculo resultó tanto ridículo como grotesco.

Al final fue el corolario de la semana en la que la inteligencia presidencial –la de la cabeza– pareció moverse como péndulo. Al inicio confirmó las predicciones surgidas en el movimiento social: reviviría el desfile militar por las calles de la ciudad. Una práctica que se había cancelado por acuerdo gubernativo ocho años antes. Ni el gobierno del general retirado Otto Pérez Molina cambió la decisión. Morales, en cambio, tal vez cediendo a las presiones de los militares retirados que integran la mal llamada “juntita”, es decir la rosca que lo controla o, cumpliendo sus propios deseos, optó por cambiar la retirada.

Una resolución que no consideró ni siquiera guardar las formas básicas de la ley. Es decir, si existía un acuerdo que cancelaba el desfile por las calles, el debido proceso requería su derogatoria. Algo que no se produjo, por lo que el capricho presidencial violaba una norma del mismo despacho en años previos. Una cancelación que no resultaba antojadiza sino más bien, en una prudente decisión de no continuar exhibiendo el “poderío militar”, incluidas las unidades de élite contrainsurgente aún activas, en tiempos de paz.

Los ejércitos despliegan sus fuerzas en exhibición pública, como operación sicológica ante el adversario. En tiempos de paz sin conflicto militar a la vista, es un gesto innecesario.  Más aún cuando se trata de un instituto castrense que no solo no ha depurado a plenitud sus filas, sino tampoco ha modificado su cultura organizacional ni la filosofía y doctrina educativa en todos los niveles.

Esos elementos, así como el mensaje simbólico de revivir el desfile, fueron la base argumental del recurso de amparo que cinco mujeres interpusieron ante la Corte de Constitucionalidad (CC). Al ser apercibido para entregar informe circunstanciado en diez horas, incluyendo detalle de nombre y cargo de quién ordenaba reanudar el desfile, así como la base legal para el mismo, el gobernante da marcha atrás. No por convencimiento de la necesidad de no hacerlo. No por considerar que con la fiesta púbico-privada que había ofrecido en palacio era suficiente. No por revalorar lo errado de su decisión inicial sino quizá para evitar el fiasco de recibir una orden judicial de no llevarlo a cabo.

De tal suerte que, vestido para la ocasión, fue a presidir el desfile pero no en calidad de comandante general, sino como bufón de la fiesta.  Y con ello sumó un grado más al ya de por sí elevado nivel de desgaste a su figura. Fenómeno que se acrecienta con el análisis del discurso pronunciado en el que no muestra la mínima sensibilidad para las víctimas de la política oficial contrainsurgente. Afirmar como lo hizo que “lo hecho, hecho está”, e indicar que se debe ver hacia adelante, solo es una muestra de indiferencia al dolor social acumulado. Reitera con ello el hecho de que, la suspensión del desfile militar en las calles obedeció, en efecto, a una razón de conveniencia y no a un cambio de visión política.

Tal vez por ello o porque suma un descuido más en su gestión, lo cierto es que la página oficial del Ministerio de Defensa Nacional resulta emblemática al respecto. La misma muestra al alto mando del ejército e incluye las fotos y hoja de vida de los componentes militares del mismo (ministro y jefe del estado mayor) en tanto que la del Comandante General (presidente de la república) es inexistente.

En tan sentido, Jimmy Morales parece continuar en las nubes y mareado por la altura, dando traspiés innecesarios. Sigue como también lo hizo su antecesor, repitiendo la experiencia del monarca que creía caminar por las calles luciendo su mejor traje, cuando en realidad iba desnudo haciendo el ridículo.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Excelente su comentario Doña Iduvina Hernandez, de acuerdo con usted al 100%. Como comente en algunos periodicos, el discurso de Jimmy Morales , solo le falto pedir ” QUE CANONIZARAN A LOS GENERALES DE TURNO “. !!!

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