Un fantasma a enterrar

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Recuerdo en una película española la cita que dice: “Un fantasma es un evento terrible condenado a repetirse”. Bien pudiera decirse que las Patrullas de Autodefensa Civil – PAC-, son uno de esos fantasmas.

Cada cierto tiempo reaparecen las PAC como un recordatorio de que el pasado no está, como lo pretenden algunos, en un punto distante, a olvidar, sino como una realidad que explica el país que somos: con heridas y conflictos que no terminan de sanar y que no sanarán en tanto que no haya justicia.

Indudablemente que las ex PAC se convirtieron en un instrumento que les sirve a los propios miembros para ejercer presión sobre el gobierno de turno y conseguir algún beneficio. Esto puede entenderse perfectamente. Sobre todo si más de algún idiota de los gobernantes que hemos tenido, los han querido utilizar como base electoral y les ha prometido cosas que al final medio cumplen o dejan pendiente.

Esto empoderó a las PAC (más allá de la razón diría Dina Elías) y les ha permitido insistir a lo largo del tiempo sobre su derecho a exigir cierta compensación económica por la coacción a la que se vieron sometidos durante el conflicto. Sobre todo si se recuerda que, en esto tienen razón las PAC: el “servicio” prestado era equivalente a varios días de trabajo que dificultaba la realización de sus actividades cotidianas y les empobrecía.

Pues como interpretara años atrás Mario Payeras, las PAC además de ser un instrumento de la lucha contrainsurgente, se revelaba como una estrategia que, junto a los polos de desarrollo y las aldeas modelo, tuvo como efecto transformar la economía campesina y continuar con la pauperización que provocaba la estrategia de tierra arrasada (lucha de clases que le decían).

Hace poco y en forma delirante, Méndez Ruíz pensó que podía utilizarlas para servir de apoyo a la protesta que él y otras personas quieren mantener por el juicio a los militares que se está llevando a cabo. Olvida que las ex PAC ya no son el instrumento utilizable a la fuerza que tuvo el ejército en los ochentas y los noventa.

Además de la lucha contra la impunidad que suponen, y que sólo se ha logrado por la persistencia de las víctimas y organizaciones de justicia y derechos humanos, después de varios juicios contra militares, incluyendo el de Ríos Montt y ahora el de Sepur Zarco, estos actos permiten discutir en el plano nacional lo sucedido durante el conflicto y darnos cuenta que hay varias cosas que debemos afrontar de nuestro pasado. Incluyendo, por supuesto, a las PAC.

Esas mismas PAC que fueron utilizadas por el ejército como parte integral de su estrategia contrainsurgente, pero que cometieron atrocidades durante el conflicto y que, posteriormente, se han convertido en un fantasma permanente de la política del país que algún delirante pretende utilizar para el logro de intereses espurios.

 

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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