Un “grupito” de millones

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En un vano afán por minimizar la fuerza del rechazo, Otto Pérez Molina ha dicho que se trata de “un grupito”. Ya sea porque le han convencido de ello o porque en su cabecita no cabe mucho, lo cierto es que su afirmación deviene en negación plena de los hechos, como en el caso por genocidio.

Para muestra los distintos eventos encaminados a expresar el reclamo centrado en demandar la renuncia del binomio presidencial. El “piquete de la dignidad” lo integran ciudadanas y ciudadanos que convergieron en la expresión del repudio a las corruptelas y al robo del erario. Disciplinadamente, robando minutos a sus horas de almuerzo o de retorno al hogar, han llegado día con día a las 13:00 y 17:30 frente a la casa presidencial a reclamar los derechos de todas y todos. Con creatividad colectiva han producido consignas que señalan no solo la responsabilidad del gobierno sino que reclaman también la devolución de los recursos mal habidos. Haciendo gala de esa infinita creatividad convocaron a una fiesta ciudadana la tarde noche del 30 de abril y mantienen la chispa cotidiana del repudio al latrocinio.

Nacida de la inspiración de otro grupo, la convocatoria para la concentración del 25 de abril movilizó a más de 40 mil personas, quienes en verdadera algarabía, mostraban la unidad por encima de colores, en aras de un propósito común: repudiar el robo del erario y demandar sanción a los responsables. Ni las cámaras de reconocimiento biométrico, ni los drones que sobrevolaban el espacio cercano, ni las muestras de fuerza y despliegue policial desmotivaron a la población.

La histórica marcha del 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, fue también una oportunidad de levantar el reclamo y la denuncia. A las demandas legítimas de las y los trabajadores, cuyos derechos son conculcados, se sumó la exigencia de la renuncia de las principales cabezas del ejecutivo. De una afluencia masiva, como no se veía en los últimos años, la marcha conmemorativa fue el marco para sumar y unificar demandas sociales y gremiales.

Con una voz cuya claridad rompió el silencio, un grupo de mujeres le sacó a gritos de dignidad, del territorio de Quiché. “Fuera corrupto, no queremos genocidas”, fueron las frases que se escucharon y que obligaron al equipo de seguridad presidencial a retirar al mandatario del sitio en el cual hacía propaganda solapada inaugurando (por tercera vez) una obra de construcción.

Un día antes, el abucheo también le llegó de las gargantas de los miembros del Sindicato de Trabajadores de la Salud, el cual ha sido afín a su gobierno. Su necedad en nombrar a la vicepresidenta le granjeó la rechifla de sus otrora fieles laborantes.

Al final de la marcha, un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, se encadenaron simbólicamente a las puertas del Palacio Nacional en demanda de la renuncia del Presidente y su segunda. Acción surgida dentro de una iniciativa ciudadana, independiente de las otras. Como independientes son las expresiones de rechazo manifestadas por guatemaltecas y guatemaltecos al rededor del mundo. De Toronto a la Argentina o de Tolouse hasta Tanzania.

Las redes sociales dan cuenta del repudio a quienes lejos de proteger los bienes nacionales los han arrebatado para su beneficio.

El sábado 2 de mayo, cuando probablemente el gobierno pensaba que las expresiones de repudio decaerían, se habrán llevado una sorpresa mayor. La concentración en la plaza, a pesar del adefesio de tarima instalado por su falso opositor Manuel Baldizón en espera de su espectáculo, reunió a miles de personas. La solidaridad con las y los encadenados, así como el reclamo reiterado de la renuncia fueron los temas que centraron la nueva algarabía que ha quedado convocada par la próxima semana.

Hacer oídos sordos al reclamo no es la opción del gobernante aún cuando esa sea su actitud. Minimizar la magnitud del rechazo, tampoco. La ola de la repulsa social crece como un alud en la montaña de nieve y amenaza con aplastarle por su ceguera y tozudez.

Fotografía: David Cabrera.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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