Un huracán que vi de cerca

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La vida es un viaje y conocer otros países da mayores perspectivas, abre la visión, ojalá todos pudieran hacerlo. Visitar lugares distintos a donde se nació es una experiencia que casi siempre resulta inolvidable. Las anécdotas y los recuerdos duran para siempre, como la vez que viajé a Cuba y me tocó ver de cerca el ojo de un huracán.

Cuba es un país al que casi siempre se le ve desde la óptica de los prejuicios y los mitos formados a lo largo de más de 50 años de propaganda en contra. Pero mi intención es contarles del huracán, no hacer un análisis de la forma de gobierno de “La Isla”.

Llegué a La Habana y un día después me desplacé a Varadero, el plan era estar cuatro días en esas hermosas playas; pero al segundo día emitieron la alerta de huracán, cerraron el acceso al litoral y se dio la orden de evacuar a los turistas. En la noche empezaron las primeras lluvias, aunque aún no torrenciales; fue curioso ver cómo grupos de extranjeros desafiaron la prohibición de salir y se lanzaron hacia la playa para tratar de observar de cerca la tormenta, la pura imprudencia.

Decidí salir de Varadero por mi cuenta, todavía estaban circulando buses del transporte público y regresé a La Habana. Me pareció que era menos peligroso estar lejos de la playa cuando se diera el paso de huracán que se pronosticaba podría alcanzar categoría 5. Claro que en Cuba todo está cerca de la playa, aunque no es lo mismo estar a 100 metros que un par de kilómetros tierra adentro.

Estaba hospedado en la casa de unos cubanos que vivían en un lugar parecido a Chinautla. Ahí estuve encerrado dos días mientras el huracán pasaba sobre La Habana. Cuando empezó la lluvia torrencial ya estaba bajo techo y resguardado. Por ratos me asomaba a tratar de ver la magnitud de la tormenta, jamás en mi vida había visto llover de esa forma. La cantidad de agua que caía era impresionante, era como si arriba alguien llenara un inmenso tinaco, del tamaño de la bóveda del cielo, y lo derramara de golpe; y así cada tanto tiempo, acompañado por ráfagas de viento que alcanzaron más de 200 kilómetros por hora.

Llovió de esa forma, sin parar, durante dos días. En La Habana no había energía eléctrica, ni gas, porque el gobierno los corta como medida de prevención. Al tercer día, cuando todavía se sentían los coletazos del huracán, decidí abandonar mi refugio y salí a ver lo que, en mi mente, era un inmenso desastre. Pensaba que la ciudad estaría destruida, porque se hablaba de que todo el malecón se había inundado.

Antes de la llegada del huracán vi a muchos cubanos cubriendo con tablas las ventanas y afanados en diversas tareas de prevención. No vi al gobierno decretando estado de prevención o de calamidad. Lo que vi fue a ciudadanos comunes y corrientes protegiendo sus viviendas y comercios. Cultura de prevención que han desarrollado a lo largo de mucho tiempo de sufrir año con año la furia de la naturaleza. Aunque, por otro lado, el gobierno habilitó refugios para ubicar a los turistas, que así lo quisieran, o a quienes vivieran en zonas que podían salir más afectados.

Después del paso del huracán, caminé por La Habana y, aunque todavía todo estaba cerrado, la ciudad estaba limpia, sin señales de desastre. Ni en las calles ni en el malecón se observaba que un día antes ahí se había desatado la furia de la naturaleza. Las cuadrillas de limpieza habían hecho su trabajo y, en cuanto pasó la colita de la tormenta, todo volvió a la normalidad. No se reportaron muertos.

Rita fue uno de los huracanes de la mortífera temporada de 2005, que incluyó el gran desastre de Katrina en New Orleans. Ese viaje a Cuba fue accidentado, por motivos que quizá contaré en otra ocasión. A pesar de las circunstancias, me dejó varias anécdotas para contar a los nietos, como esta de cuando sobreviví a huracán categoría 5. Así de rudo soy.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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