Un intento fracasado

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Es posible que estuvieran concertados. La verdad podrá saberse si la investigación llega al fondo del asunto e identifica tanto a los responsables materiales como a los intelectuales. Es más, habría que requerir que llegara también a la identificación del origen de los recursos utilizados para el fin propuesto. De tener éxito, la institución que realice este escrutinio hará un enorme favor a la sociedad guatemalteca y con ello, por supuesto, a la endeble democracia.

Porque no es menudo intento el que se aventaron. Preguntémonos, cuánto habrá costado utilizar un centro de llamadas (call center pues), contactar a centenares o miles de personas usuarias de teléfonos fijos el viernes 29 de mayo y trasladarles el mensaje. De qué monto sería el cheque que pagó el servicio de locutor y grabación para desmotivar a quienes asistirían a la marcha del 30M. Cuánto gastarían en la apertura de cuentas de correo, como la de un tal “Juan López Pueblo Denuncia”, que pretendían impedir la movilización. No fueron pocos ni gratuitos los intentos por socavar la afluencia de personas a las actividades programadas para el sábado 30, en el marco del movimiento por la dignidad y contra la corrupción.

Para desgracia de los perpetradores de este esfuerzo, su acción resultó en un rotundo fracaso. Ningún grupo o sector fue aislado en el evento porque llegó gente de todos lados, edades, sectores, origen étnico, género e identidad y clase. Se fundieron los grupos y los sectores, a lo largo de la jornada que se prolongó por casi dieciocho horas.

Hubo expresiones religiosas que arrancaron en la mañana, se realizaron por la tarde y concluyeron avanzada la noche. En ellas desde las manifestaciones de la espiritualidad se repudió la corrupción y demandó justicia por el latrocinio de los fondos públicos. El esfuerzo de los colectivos que integraron el movimiento Protestarte, se vio recompensado con la afluencia de artistas participantes y público presente que mediante la expresión lúdica también evidenció su reclamo. Decenas de miles llegaron a la plaza a lo largo del día y la colmaron a la hora de la concentración. Corearon el himno y corearon las demandas centrales del movimiento: #RenunciaYa, #JusticiaYa, #Notetoca.

Tres expresiones que resumen el sentir social. La primera, para reclamar la renuncia del presidente Otto Pérez Molina y el vicepresidente Alejandro Maldonado Aguirre, como rostros visibles del gobierno responsable de la crisis actual. La exigencia de renuncia alcanza al gabinete y empieza a extenderse hacia los diputados. Hacia ahí va el siguiente enunciado. La demanda de justicia plantea el juzgamiento de las y los responsables del saqueo a bienes públicos, pero también el destino social de los recursos mal habidos. Exige las reformas legales indispensables para democratizar la participación y representación ciudadana en un nuevo esquema de organización social que sustituya al fenecido sistema político vigente. Para ello, con absoluta claridad se exige que se defina la hoja de ruta que produzca las reformas necesarias sin alterar el entramado constitucional.

Se completa este planteamiento con la insistencia a una Asamblea Constituyente que impulse los cambios necesarios para producir la reforma profunda del Estado. El tercer aspecto es la expresión ciudadana de que ningún político, candidato o partido ha de dar por sentado que tiene ganado un puesto o posición, como si se tratara de una monarquía en donde la línea de sucesión está definida por obra y gracia de poderes ajenos a la voluntad ciudadana.

De manera que, la evidente madurez de las demandas, aunada a la confluencia de actores y sectores es la mayor muestra de consolidación del movimiento ciudadano. A la vez que también pone de manifiesto, el fracaso estrepitoso de los agoreros del terror y voceros del fascismo. El 30M, como el 25A y el 16M, han sido jornadas ciudadanas que se expresan en fiesta social de rechazo al sistema torcido pero también de propuesta sobre el camino de refundación y reforma. Cuando la sociedad disfruta su expresión colectiva, no hay fuerza capaz de destruirla y esa es la hora que hoy marca el reloj de la historia en Guatemala.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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