Un mural de dignidad

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El muro con la efigie de Luz Haydee Méndez es una parte del homenaje de la memoria de su familia y amigos. Durante horas de trabajo, con paciencia de artesanos, amor de hermana y convicción de hijos, el rostro de Luz Haydee y el texto que habla de su detención y desaparición en 1984 fueron emergiendo del esténcil. Al final, la obra quedó lista en una pared, al costado del Programa Nacional de Resarcimiento (PNR), que recordará a sus funcionarios la enorme deuda que tienen con las víctimas de la represión estatal.

Luz Haydee, como indica el mural, integró las fuerzas de la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT), estructura juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), el partido de las y los comunistas de Guatemala. Su militancia en una organización revolucionaria la convirtió en objetivo de la política contrainsurgente, como sucedió con otras 45 mil personas detenidas desaparecidas.

Luz Haydee Méndez aparece en el documento conocido como “Diario Militar”; un reporte que contiene 183 nombres de personas, quienes entre agosto de 1983 y diciembre de 1985 fueron detenidas desaparecidas, torturadas o ejecutadas extrajudicialmente. El texto incluye el nombre de cada víctima, el seudónimo y la organización a la que pertenecían, según los servicios de inteligencia contrainsurgente. Un registro de la fecha, el lugar y el hecho sufrido por cada una. Elementos crípticos tales como: 300, “Se lo llevó Pancho” (?), son entre otros, algunas de las pistas sobre el destino de estas personas, militantes revolucionarias.

La mujer del mural, Luz Haydee Méndez, fue detenida y posteriormente desaparecida, el 8 de marzo de 1984. Hace 31 años, en el Día Internacional de las Mujeres. Su familia no ha dejado de reclamar justicia y sigue demandando respuesta del Estado. Al igual que las familias del “Diario Militar” lograron ante la Corte interamericana de Derechos Humanos una sentencia condenatoria contra el Estado de Guatemala. Mismo que en diciembre de 2014 fue declarado en desacato por incumplimiento de esa y otras doce resoluciones de culpabilidad.

En aras de obtener respuestas, las familias de personas detenidas desaparecidas, como la de Luz Haydee, han insistido en la necesidad de que se integre una Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Detenidas Desaparecidas. Un reclamo legítimo y justo, que merece respuesta. No hay forma de que el Estado, particularmente las fuerzas armadas, nieguen su responsabilidad en los casos de ejecución y desaparición forzada contenidos en el diario.

Así lo evidencia la identificación positiva de siete los restos de siete víctimas, realizado mediante el esfuerzo científico de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG). Las primeras seis osamentas reconocidas positivamente estaban sepultadas en una tumba clandestina que se ubicó en el antiguo destacamento militar de San Juan Comalapa, Chimaltenango. La víctima más recientemente identificada fue encontrada en uno de los osarios masivos del Cementerio de La Verbena, lugar al cual llegaban los restos de personas muertas no identificadas.

Hace 31 años, en el día en que las mujeres en el mundo conmemoraban con jornadas de lucha el día que se recuerda la necesidad de garantizarles sus derechos, el ejército capturaba a Luz Haydee y la arrancaba del seno de su familia. Hace apenas unos días, para “saludar” a las mujeres en su día, el gobierno por medio del Ministerio de Gobernación, publicaba una fotografía con mujeres policía armadas hasta los dientes. Un recuerdo de que la lógica oficial que privó en 1984 y derivó en la desaparición de seres humanos como Luz Haydee, sigue moviendo la mentalidad del gobierno actual.

Ni piropos, ni flores, ni imágenes amenazantes. Las mujeres reclaman derechos. Las mujeres que vivieron en carne propia la política contrainsurgente, reclaman justicia. Luz Haydee Méndez vive en la memoria de sus camaradas, de su familia y de la dignidad de las mujeres que resisten y defienden la vida y el territorio. Porque con su militancia Luz Haydee vivía por la vida. Porque con su memoria, Luz Haydee sigue viviendo por la vida.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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