Un trapo sucio del liberalismo

0

El liberalismo (y neoliberalismo) se presenta como una doctrina que busca la libertad del hombre. Y en materia económica su divisa es aquello que A. Smith decía respecto a la existencia de una mano invisible. Si se deja suelta a esta mano invisible, entonces el individuo prospera y la sociedad prospera. Es el único camino pacífico a la producción de riqueza.

El cuento ya conocido dice así: todos calculamos a través de la relación medios-fines cómo maximizar nuestras ganancias. Si actuamos así, incrementando nuestras ganancias, se incrementa la riqueza social  y así todos felices a comer perdices. Toda vez no existan distorsiones a esta situación, habrá mayor riqueza, cada vez más y más y más. Lamentablemente hay distorsiones: Estado, sindicatos y la propia gente que (no) tiene qué comer y trata de aplicar un freno a esta maximización de ganancias.

Sin embargo, nos encontramos que políticamente el liberalismo puede asociarse sin ningún recato a políticas claramente totalitarias como las que existieron en la administración Bush, el combate al terrorismo, un eventual triunfo de Trump o las prácticas que encontramos en la vertiente chapín tropical del país.

En esta versión, el liberalismo le apuesta a la pena de muerte, a la represión de los movimientos populares, etc. Todo esto, claro, en nombre de la libertad. Pues tanto los terroristas como los delincuentes y los movimientos populares son un “obstáculo” para nuestras libertades y para el funcionamiento libre y espontáneo del mercado. Que como ya se habrá advertido, no es solo una descripción del funcionamiento del mundo, sino es una ética. Solo que planteada de una forma extraña: el mundo es así y por tanto debe ser así.

¿No resulta al menos contradictorio?

Para entender esto hay que considerar que el liberalismo no es solo una doctrina sino también una práctica, y en ese sentido, hay un movimiento secreto del liberalismo que lo viene a explicar. Como lo formula el filósofo español Reyes Mate

“El liberalismo es una práctica de gobierno, descubierta en el siglo XVIII, que sólo puede funcionar nutriéndose y produciendo libertades. El liberalismo no dice “sé libre”, no es una apuesta racional por la libertad, ni un proyecto emancipatorio de liberación de los esclavos u oprimidos, sino producción de libertades, necesarias para el desarrollo de la sociedad. La relación del liberalismo con la libertad es de doble sentido, a saber, de producción y de destrucción. El liberalismo produce libertad y, simultáneamente, la somete a controles. Fabrica la libertad, sí, pero la dosifica. Si nos preguntamos por los criterios de dosificación o cálculo de la libertad encontramos, en primer lugar, su peligrosidad.”

Esto significa que la libertad debe ser controlada en función de la seguridad. Un marxista dirá que en función de la seguridad de la reproducción del capital. Y en efecto esto es lo que sucede. En otras palabras, el liberalismo como práctica puede andar muy bien con políticas conservadoras que pueden asumir la forma de políticas represivas.

El liberalismo aparece sin disfraces en los momentos en que el sistema político es amenazado y utiliza la violencia para reestablecer la seguridad. Aunque la retórica se mantenga, la práctica se hace clara. No es un movimiento fortuito ni de mera sobrevivencia: es el movimiento que calcula y que sabe que solo puede existir libertad dentro de un marco de seguridad. Pero se debe insistir, este marco de seguridad no es una seguridad que se garantice para todos o garantice la libertad para todos. Es un marco excluyente de libertad y seguridad para aquellos que pueden pagarla o para esas criaturas del hombre que danzan entre ellas: mercancías, dinero y capital (fetichismo que le decía Marx).

Share.

About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

Leave A Reply