Una esperanza para Oswaldo

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La travesía de Oswaldo inició en agosto de 2014, en la aldea Santa María Coroxac, Uspantán, Quiché. En esa ocasión, cuando investigaba como periodista el secuestro de una niña fue, a su vez, secuestrado. Durante más de cuatro horas, el 29 de agosto de ese año, un grupo, supuestamente un “comité de seguridad”, lo detuvo ilegalmente, pese a que se identificó plenamente como periodista. El grupo, además, lo ató de cuello y manos con un lazo y lo sometió a tortura física y sicológica.

Según indica Sala de Redacción en su editorial del 1 de enero de 2015: “En horas de la tarde, sin lograr el objetivo de que Ical Jom se inculpara, sus captores se comunicaron de nuevo con la PNC para que lo recogiera, no sin antes obligarlo a firmar un acta en la que se consignaron falsedades y se hizo constar que el periodista no podía ver a sus captores, señalarlos o dirigirles la palabra. Si eso sucedía, le amenazaron, sería asesinado. El retenido fue entregado a la Policía y la motocicleta en la que viajaba quedó consignada sin motivo alguno y le fue devuelta alrededor de dos meses después”.

Es decir, lo liberaron luego de exigirle que no mencionara a sus captores y no acudiría a la justicia. Oswaldo Icalo Jom, periodista, maestro y defensor del derecho a la información, acudió al sistema de justicia para que el crimen que sufrió no quedara impune. Los hermanos Antonio y Diego Itzep, líderes del cuerpo de seguridad en cuestión, fueron capturados y ligados a proceso por estos hechos.

A partir de ahí el camino de Oswaldo ha sido tortuoso. El juez unipersonal de sentencia de Quiché, Mario Calderón Salazar, lejos de conducir el proceso con imparcialidad, en varias ocasiones revictimizó al periodista. Entre otras acciones, Calderón Salazar obstruyó sistemáticamente la acusación por el delito de tortura, algo que ordena la Convención Internacional Contra la Tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, ratificada por el Estado de Guatemala. Ello, pese a que un peritaje del Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura, precisó que todos los elementos que obran en el caso, indican sin lugar a dudas que el periodista fue víctima de tortura por parte de sus captores.

En su trayecto, Oswaldo no ha estado solo. Tanto el Centro Cívitas como el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH), le han acompañado. De ahí que en virtud de las reiteradas acciones de obvia parcialidad del juez Calderón Salazar, solicitaran que este se inhibiera de continuar conociendo el caso. Muchas diligencias judiciales se han presentado y por fin, en la tercera semana de septiembre, el juez Calderón Salazar notificó que se inhibía de continuar conociendo. Algo que es sano por cuanto había adelantado opinión en contra de la víctima.

El periodista, un profesional de la prensa que laboraba fundamentalmente en provincia sobrevivió a un ataque provocado por un grupo ilegal. El presunto comité de seguridad, en realidad opera como un Cuerpo Ilegal y Aparato Clandestino de Seguridad (CIACS). Al igual que otras estructuras similares diseminadas por todo el territorio nacional, este grupo utilizó sus recursos para reprimir y agredir a un trabajador de la información.

Pese a las múltiples denuncias planteadas, poco se ha hecho para desmantelar a grupos que como este o el de Chajul, han usado su poder para amedrentar y delinquir. La tolerancia de las autoridades de seguridad ciudadana a prácticas y estructuras de vigilancia por parte de los CIACS, debe cesar y dar paso a la investigación penal de los mismos en todo el país.

La travesía de Oswaldo en pos de la justicia, es de igual forma un aporte a la denuncia del rol criminal de estructuras para estatales. En definitiva, la esperanza de Oswaldo representa un factor de optimismo para la sociedad. Una lección ciudadana según la cual el ejercicio de la función periodística no puede ni debe ser limitado bajo circunstancia alguna.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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