Una significación del rechazo electoral: la impotencia lúcida

3

Podría apuntarse a tres posibles causas dela abstención electoral: a) dificultades prácticas para asistir a las votaciones, b) desinterés y c) rechazo directo (situación compartida por el voto nulo y el voto en blanco). Imposible de cuantificar, me interesa argumentar brevemente sobre la última opción puesto que no es simple apatía, sino descontento franco respecto a la existencia del sistema partidista y el sistema democrático; en las versiones más lúcidas, un cuestionamiento a la forma en cómo está organizada esta sociedad y este Estado.

Frente a posturas conservadoras francamente ideológicas (“Votar por Guatemala”), el rechazo directo representa una posición política definida y no simple “irresponsabilidad”, además de cierta valentía puesto que se está haciendo frente a las ideas de ciudadanía que se promueven desde que uno es pequeño.

Por tanto, no es sencillo, no es irresponsable ni es inercial. No es ir a favor de la corriente.

En todo caso, los orígenes de este malestar se pueden encontrar en la práctica política e institucional que a) mantienen altos niveles de corrupción y desvinculación con los electores y b) no presentan alternativas reales (una izquierda robusta, un centro honesto), factores que provocan una permanente crisis en la política y en lo económico, además de influir en aspectos de descomposición social importante como la violencia y otros elementos alarmantes que son parte del malestar. Entre otras razones, participar en estas condiciones resulta un “apoyo objetivo” a este estado de cosas y el rechazo puede también representar una postura ética.

Sin embargo, tampoco es fácil dejar de lado que el sufragio universal es resultado de un proceso de lucha de los obreros organizados y las mujeres, no una graciosa concesión del poder. Pese a la situación actual, no es fácil desechar las ideas relativas a la importancia de la acción política organizada.

***

Digamos que esta posición representa una posición ambigua y que el desencanto y el rechazo expresan, aunque suene mal, la serie de derrotas sufridas, así como la impotencia de no poder cambiar las cosas. Claro que esto requiere a su vez de cierta explicación. Proyectos de contenido nacional popular fueron derrotados en dos ocasiones: en 1954 y durante la guerra posterior. Alternativas moderadas no pudieron desarrollarse en el clima polarizado de la guerra.

El terror estatal con ánimo genocida en ciertos lugares y contra ciertos sectores, la pérdida de referentes de izquierda a partir de 1989 y las esperanzas abandonadas tras 1996, dan una despolitización importante como consecuencia.

Además, aun con un malestar significativo, no hay conciencia de clase de las raíces de esta situación. Se tiende a culpar unilateralmente a los políticos (que tienen su parte considerable conste, pero no son los únicos responsables) y no hay posibilidad de dar una explicación satisfactoria a los problemas y un actuar consecuente.

El liberalismo en sus distintas versiones (incluyendo un neoliberalismo agresivo pero simplón), no son alternativas, sino parte del problema. Sectores populares fragmentados y débiles no alcanzan para articular un proyecto nacional. El descrédito de los partidos de izquierda tampoco permite dar un ejemplo y, en expresión un tanto arcaica, no parecen ser el “instrumento” adecuado de cambio.(1)

El caso es que sin horizonte y sin fuerzas el desencanto se expresa, electoralmente, en un rechazo pasivo o activo: la abstención, el voto nulo o el voto en blanco.

El problema es que el sistema no se perturba. Siendo oposición, rechazo, incomodidad no se traduce en un cambio significativo que vendrá de una acción política organizada y con objetivos específicos…pero esta acción política tampoco se advierte en el horizonte.

Es confesión de impotencia y señala un clima que recoge la desesperanza de la situación presente o, en palabras del historiador inglés Eric Hobsbawm, de “una situación de agudo descontento social sin perspectivas”.

De la incapacidad de formular una alternativa real a esta situación.(1)

***

Puesto que el problema con estas formas de rechazo es que no “impacta” dadas las reglas del juego que tenemos. ¿Cómo convertir este rechazo de la política existente en una alternativa?

Tal vez politizando esta actividad, lo que sugiere que no debe ser una respuesta meramente electoral, sino una actividad prolongada, sistemática, organizada…lo cual nos lleva otra vez al asunto de un partido como instrumento de organización.

No creo que haya respuestas fáciles a esta situación crónica, pero ¿qué debate y que actividad podemos generar?

(1) Comentando a Gramsci, el historiador inglés Eric Hobsbawm recuerda: “la clase obrera sólo desarrolla su conciencia y trasciende la fase espontánea “económico-corporativa” o sindicalista a través de su movimiento y organización, es decir, en su opinión a través del partido”.

(2) Por otra parte, hay cierto consenso en la necesidad de cambios institucionales importantes a través de una reforma constitucional. Sin embargo, el sujeto de emisión de esta propuesta no es irrelevante. Que este tema sea levantado por expresiones como la derecha neoliberal (ProReforma) o Portillo en su reciente retorno al país, levantan suspicacias (por decirlo amablemente).

Share.

About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

3 comentarios

  1. Dos recursos de inconstitucionalidad he presentado:
    Uno secundando el valor de la representación de minorías en los consejos municipales y cuestionando la falta de representatividad democrática de la mitad mas uno en los alcaldes.
    El otro por la falta de equidad en los tributos. Mientras a los informales los atraca el fisco con la mitad de sus utilidades, a las empresas grandes les rebaja el impuesto a la cuarta parte.
    Ningún juez, político o periodista ha entendido la corrupción que generan estas fallas legales.

      • Gracias Mariano.
        Mi propósito ha sido que las personas aprendan de democracia.
        Si en los pueblos, el alcalde contara con mayoría absoluta, habría menos divisiones.
        Una casa dividida no puede perdurar, dice el Jefe.
        Gracias de nuevo y un saludo cordial.

Leave A Reply