Una voz en la conciencia colectiva

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En unos días, tres situaciones muy vinculadas entre sí, estarán en la línea del tiempo de un primer año. Como primer aniversario de las mismas, al menos dos de ellas con seguridad abarcarán titulares, desplegados y análisis sobre su significado, contenido y consecuencias. Uno de ellos, para mí el más importante y significativo, quizá no consuma mucha tinta en los medios impresos, tiempo de aire en radio y televisión. Eso sí, probablemente llegue a pesar muchos bits en las redes.

Cronológicamente, la primera es la denuncia pública de la red denominada La Línea, cuyo avance  –sin que tengamos ya un desenlace judicial–, alcanzó a la presidencia y vicepresidencia de la república. El general retirado Otto Pérez Molina, ocupando la primera y, Roxanna Baldetti Elías, ubicada en la segunda, son a la larga los rostros más visibles de una estructura criminal aparentemente desmantelada, que se formó para robar ingresos fiscales en las aduanas.

Anexado a esta red, surgieron otros casos como el del IGSS-Pisa (IGSS, Instituto Guatemalteco de Seguridad Social), que se refiere a la contratación fraudulenta de servicios tercerizados para pacientes de insuficiencia renal. La investigación de la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), derivó en la resolución de condena y denuncia penal por este fraude que costó vidas de usuarios del IGSS. Hasta el presidente de la banca central y un representante medio de la oligarquía cafetalera, así como el hijo y el  sobrino de una magistrada actual de la Corte Suprema de Justicia  están en prisión por este caso.

La notoriedad de los responsables en el caso La Línea, enriquecidos acelerada y notoriamente por acciones ilegales, estimuló tempranamente la movilización social convocada desde las redes. De unos cuantos las reuniones sabatinas concentraron por momentos a decenas y en agosto incluso a centenas de miles, que reclamaban  y obtuvieron la renuncia del uno y la dos. El flujo sabatino de protesta creció y decreció, quizá a conveniencia de algún sector, hasta ser cooptado por la cómoda posición de mantener el sistema.

Cuando la definición  y profundización de las demandas exigía hacer un alto en el proceso electoral en marcha y reformar al menos el sistema político, se puso el freno invisible del temor a no hacer lo correcto. De allí a imponer a un presidente mediocre y una cohorte de sinvergüenzas en el Ejecutivo y el Congreso no hubo más que un paso, el voto como rito pero no como derecho.

Sin embargo, un grupo pequeño pero con una voz rotunda se mantuvo, se ha mantenido y ha adquirido vida histórica. Se trata del colectivo que derivó en llamarse la Batucada del Pueblo y que se auto construyó mediante la persistente llegada a los plantones diarios al medio día, frente a la casa presidencial, para exigir la renuncia de Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina. Con sartenes y tambores marcaron el paso a su congruencia y le pusieron palabra a la conciencia social contra la corrupción.

De los encuentros diarios en su hora de almuerzo invertida en la acción cívica, pasaron a las movilizaciones sabatinas. De tal suerte que, desde las tres de la tarde, sábado a sábado y sin faltar a una cita, han llegado para mantener viva la demanda de un cambio real sin disfraces ni arreglos bajo la mesa. Han marchado hacia la Corte de Constitucionalidad (CC), han ido frente al Palacio de Justicia, han hecho percutir sus tambores y sartén frente al Congreso, han acompañado marchas y protestas a las que les invita quien les conoce como esa especie de Pepe Grillo o voz permanente de conciencia ciudadana.

La Batucada del Pueblo es un ejemplo de perseverancia y claridad en el discurso traducido a consignas con ritmo. Es la mejor muestra de que si bien un grupo de intereses mezquinos cercenó la ruta del cambio iniciada en abril de 2015, el propósito inicial sigue vigente y aún se puede retomar el camino. Y una opción valiosa es acompañar la marcha por el agua iniciada el lunes 11 y que está por arribar a la ciudad en pocos días.

Ellas y ellos, quienes integran La Batucada del Pueblo son la coherencia viva hecha tambor, sartén y ritmo. Ellas y ellos nos reclaman no en silencio sino al compás de sus consignas que aún nos falta mucho, que no desmayemos, que tomemos aliento y nos dispongamos a gritar, junto a sus percusiones y a viva voz que, ¡LO DECIMOS CON FIRMEZA, ESTO APENAS EMPIEZA!

 

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About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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