Usted vota pero no decide

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Es año electoral y como cada cuatro años usted cree que tendrá la oportunidad de decidir el futuro de este país en las urnas. En aquellas boletitas de colores dejará plasmada la esperanza, esa que le vienen masturbando los políticos desde que tiene memoria. Con el crayón (que ojalá haya llegado a su mesa junto con la tinta y las listas, etc.) marcará con una X esperando que esta vez, quizás, definitivamente y a lo mejor, las cosas puedan cambiar de una buena vez. Pero no será así. Usted vota pero no decide.

Le explico.

Lo primero que debe saber es que la finalidad máxima de un partido político es la obtención del poder. Lo segundo que debe saber es que para que un partido político pueda llegar al poder debe afianzarse de una excelente campaña política que le garantice ganar votantes. Y lo tercero y último que debe tomar en cuenta es que nada de lo anterior puede pasar si los partidos no cuentan con techos millonarios para inyectarle a dicha campaña. Bajo esta lógica del sistema electoral, la política se convierte en un negocio y nada más que eso.

Sin un claro control del Tribunal Supremo Electoral sobre el financiamiento de los partidos, estos recurren a diversos medios para hacerse acreedores de todo el dinero posible. ¿Sabía qué? De 2 a 10 millones se mantiene el monto sobre el cual se venden las primeras casillas de las listas a diputaciones distritales y nacionales. Entonces lo primero que debe analizar una persona que desee optar a una diputación es: ¿cuánto dinero puede conseguir (porque lo más probable es que se endeude para “incursionar en la política”)? ¿Qué tan seguro es que salga electa o electo en la casilla que puede comprar con X partido político? Y, ¿en cuánto tiempo recuperará el dinero invertido?

Pero los diputados gozan de un salario de Q29,000.00 mensuales, que en 4 años suman un total de Q1,392,000.00. Ni aún con el cobro de dietas (cuotas por asistir a las reuniones) y gastos de representatividad lograrían recuperar la inversión inicial. Entonces recurren a vender su voto para la aprobación/obstrucción de iniciativas de ley, selección de candidatos de órganos clave en el gobierno, etc. El cambiarse de partido también resulta atractivo, tomando en cuenta que muchos ofrecen entre medio millón y un millón de quetzales para acrecentar su bancada. El objetivo de velar por el interés público en el Congreso de la República se distorsiona y se antepone el interés por recuperar el dinero invertido y generar la mayor cantidad de ganancias posibles. Su capacidad, querido elector, de elegir a quienes creía podían representarlo en el legislativo se convierte en un acto simbólico que está lejos de incidir en las decisiones que ahí dentro se tomarán.

Lo mismo sucede a nivel de alcaldías y binomio presidencial. Las donaciones aceptadas por los partidos políticos tendrán que ser cobradas en su momento. Entonces al llegar al poder lo que toca es repartir los ministerios a representantes de los principales financistas, efectuar tratos y tomar decisiones para beneficiar a esos cuantos. A nivel local, las grandes transnacionales con interés en realizar operaciones extractivas, entre otros, financian a sus candidatos y en su momento exigen facilidad para el desarrollo de sus propias empresas anteponiéndose al interés comunitario. De nuevo, su acto de acudir a las urnas a elegir candidatos y candidatas idóneas que velen por el interés de los ciudadanos se verá fuertemente condicionado por el interés de estos últimos de responder a sus financistas.

No crea, querido lector, que votar cada 4 años ayuda significativamente a la construcción de una democracia, porque a fin de cuentas, el sufragio se convierte en la mínima expresión de lo que implica vivir en un sistema democrático. Tampoco crea que los 28 partidos políticos que al momento se encuentran inscritos en el TSE son diferentes entre sí, y es que independientemente de la “ideología” y plan de trabajo, todos siguen respondiendo a las dinámicas de un mismo sistema electoral que desde hace muchos gobiernos atrás funciona de esta manera. Es decir, la solución no está  en los candidatos, mucho menos en los partidos políticos, si queremos empezar a cambiar la lógica de hacer de la política un negocio es necesario reestructurar el sistema y con ello, reformar  la Ley Electoral y de Partidos Políticos, como un primer punto.

Así que, si está pensando en acudir a las urnas porque “hay que votar por el menos peor” y “si no voto no tengo derecho a quejarme en los próximos cuatro años”, piénselo mejor,  su voz plasmada en aquellas papeletas no será más que el eco de sus angustias en un cuarto vacío.

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Stephanie López

A veces odio al mundo aunque siempre termino reconciliándome con él. Soy feminista porque no encuentro otra manera de luchar por la equidad. La naturaleza y sus volcanes han sido los mejores aliados de mi vida y creo que escribir también es una manera de contribuir con la sociedad.

2 comentarios

  1. Dio en uno de los clavos, pero ahora hay que analizar porque el ciudadano no tiene peso en la decisiones.. no cree… lo de los votos es, como puede decirse,..”cuento viejo”..
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    Aquí se menciona algo cierto: “el poder”, digamos, si es en busca del poder que surgen los partidos y esa es la razón por la que buscan ser electos a toda costa… entonces, se arregla la situación votando, o dejando de votar.. usted lo ha dicho no, pero surge un detalle: “no son las elecciones el problema”… porque usted puede poner al candidatos mas probo, hacer lo “correcto”.. o sea llevar a los mejores al gobierno… “pero si el sistema es malo”… es la del huevo y la gallina…
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    Lo interesante también es la cuestión: para que el ciudadano gane poder (o se empodere) se le tiene que disminuir el poder al estado (o sea que el estado tenga menos responsabilidades)… algo así como padre he hijo.. a mas dependecia mas ligados al padre, a menos dependencia mas desligados… o sea el campo de acción aumenta o disminuye, según la dependencia de un ente externo.. similar pasa con el ciudadano y “papa estado”… podemos decir: que a mas poder tiene el estado, mas paupérrima y bruta es su ciudadanía, se puede ver en el caso de Guatemala, cuando alguno alegan indiferencia, pero eso es solo una consecuencia de un estado todo poderoso (papa estado lo resuelve todo)… y para lograr un efecto contrario tienes que quitarle poder al estado… pero, con los problemas ideológicos que existen en Guatemala, las soluciones basadas en la razón no caben, ese el problema de los dogmas (de izquierdas y derechas), mas si les dices que uno de los problemas es ese abstracto llamado “bien común”… (eh inician sugiriéndote lecturas, otros insultándote de individualista… etc.. etc.., pero nada de genuina lógica…pero en fin “derechoizquierdozos”)… o pregunto que sugiere para restarle poder al estado y devolverle poder al ciudadano, teniendo en cuenta que el estado no lo podemos desaparecer conste…
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    Destaquemos para no equivocarnos como anotación: Izquierda=socialismo/comunismo derecha=Keynesianismo… o sea derecha y Izquierda=colectivismos (o sea en dogmas: son la misma mierda)….

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