Vestir el acero y blandir un hacha ensangrentada (1) : la perversidad de George R. R. Martín

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Lo primero es el tamaño. Hasta el momento son más de 4,000 páginas que contienen cientos de personajes, diversos hilos argumentales, docenas de pequeñas historias, intrigas complejas y situaciones bizarras, sangre…ríos de sangre de batallas, duelos, asesinatos y venganzas, a cual más cruel.

Y de acuerdo con el plan serán 7 libros, además de algunos relatos previos y de otros complementarios: Juego de tronos, Choque de reyes, Tormenta de espadas, Festín de cuervos y Danza de dragones, por el momento. Faltan Vientos de invierno y Un sueño de primavera. Todos nombres sonoros que componen la saga de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martín.

Pero además del largo que puede desalentar a más de alguno, están los recursos del autor que no se pueden calificar de otra forma más que de perversos, como las situaciones que recrea en el ficcional mundo de Poniente (… ¿y no es la historia esa “mesa de sacrificios” de la que hablaba Hegel? La brutalidad de la novela ha existido realmente).

Es tan solo una suposición, pero el escritor, en una habitación ambientada como una mazmorra (bien iluminada eso sí), equipado con jarras de vino especiado, empanadas de lamprea, jabalí asado condimentado con canela y manzanas asadas, ha de haber gozado previamente al construir el relato y componer personajes que, dentro del mundo despiadado que se retrata en la novela, despiertan las simpatías y logran la identificación del lector, pero que pasan por situaciones verdaderamente crueles o sufren finales terribles.

En efecto, dentro de ese mundo brutal y frío, donde no son muchas las ocasiones en que se muestra clemencia, hay personajes que representan posiciones honorables o interpretan relaciones de amor, ternura, humor, pero…

Cualquiera que haya visto la serie de televisión o haya leído las novelas, sabe a lo que estas líneas se refieren. La boda roja, el desenlace de la relación entre John Nieve e Ygritte, el destino del primer y segundo amor de Tyrion Lannister, el sacrificio que hace Eli -hija de Craster-por el bebé de otra mujer, son suficientes para refrendar esta opinión.

Vaya, el pobre y sufrido autor de este comentario, todavía no ha elaborado adecuadamente el trauma que le representó asistir a la boda roja (un poco más cruel en la versión televisiva).

Y no obstante…

Vale la pena decir algunas observaciones sobre cierta paradójica estética y sobre ciertas condiciones de recepción de la obra de arte.

El objeto artístico causa cierto placer. Aunque a estas alturas no se puede ser ingenuo y pensar que existe un arte puro, una de sus características centrales es que su recepción provoca placer. Si no, podrá ser cualquier otra cosa pero no arte.

Bien pensado el asunto es una cosa terrible.

Aunque su objeto sea la crueldad o cualquiera de las más bajas pasiones humanas, la forma en que están hechas las obras artísticas despiertancierto goce.

En el límite, incluso las obras artísticas que son fundamentalmente una denuncia de las mayores atrocidades humanas (como los genocidios y los delitos más aberrantes) y que buscan cumplir el deber de memoria, se encuentran con una mínima e irreductible fuente de goce estético. La recepción de la obra de arte, por tolerante y responsable que sea, se encuentra con esta implicación. En el fondo, esto puede despertar profundos interrogantes éticos sobre las funciones y el significado del arte.

No obstante, el hecho que queda es que seguimos disfrutando de la obra de arte, pese a que su objeto pueda ser parte de lo aberrante de la condición humana (ese “oscuro objeto del deseo”). De hecho, hay que considerar que la “dulce violencia” de la que habla el crítico marxista Terry Eagleton al referirse a la tragedia (y aquí, por extensión, a otras formas estéticas que tienen por objeto a la misma), puede que en los tiempos que corren, sea uno de los últimos reductos “aprobados” de una violencia que se encuentra, no obstante, siempre ahí en salones mal ventilados del corazón humano.

Traigo estas reflexiones quizá como una pobre justificación a la lectura maniaca de la Canción de hielo y fuego… pero, que he de confesar, cómplice y urgente.

Además, si bien el clima general de la saga es el de un mundo despiadado, contiene imágenes evocadoras, momentos luminosos, reflexiones tristes y estoicas sobre la condición humana, así como aventuras emocionantes y situaciones sorprendentes. Por supuesto, mucho más de lo que cabe en un comentario.

Tan sólo un ejemplo: la guardia de la noche es una hermandad que protege a los reinos de Poniente de salvajes, gigantes y los temibles Otros. Esta guardia tiene un juramento solemne y estremecedor.

Jon Snow y Qhorin Mediamano acosados por las fuerzas de los pueblos libres, en la región más helada e inhóspita del Poniente, lo repiten, evocando un mundo perdido para nosotros, ciudadanos urbanos más bien aburridos:

“La noche se avecina, ahora empieza mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte. No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos. No llevaré corona, no alcanzaré la gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Soy la espada de la oscuridad. Soy el vigilante del muro. Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que atrae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres. Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche, durante esta noche y todas las que estén por venir”.

La pronunciación solemne del juramento ocurre previa a una situación que le despertará dudas angustiantes a Jon Snow sobre su identidad y los límites a los que puede llegar…

Por estos recursos perversos y situaciones truculentas, despiadadas, brutales y crueles que abundan en la saga, ojalá que los Otros se lleven a George R. R. Martín… pero, por los dioses antiguos y los nuevos, por el dios ahogado y por el señor de la luz, por nuestra señora de las olas y por el dios de los muchos rostros, ¡después de terminar su saga!

 

(1) “Vestir el acero y blandir un hacha ensangrentada” son palabras que describen a Victarion Greyjoy, uno de los personajes de la saga. Podrían encontrarse muchísimas otras referencias de personajes y acciones que muestran el ambiente despiadado de la novela de Martin.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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