¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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 “No son de mi familia, pero sí son mis hermanos”, se leía en uno de los carteles que portaba un joven en las manifestaciones de repudio y exigencia de esclarecimiento de las desapariciones de normalistas en Ayotzinapa, Iguala, Guerrero, México. Esta frase me conmovió hondo en tanto que expresa el sentir de una población agobiada por la represión, la criminalización, el entreguismo de sus autoridades y una guerra absurda contra el crimen organizado enquistado en las propias estructuras gubernamentales.

A México nos une tantas cosas y más aún a sus pueblos del sur, pero también nos une la larga tradición de solidaridad de su pueblo hacia nosotros. ¿Acaso no fueron las poblaciones de muchos Estados en México las que dieron albergue a guatemaltecos y guatemaltecas que huían del terror de Estado impulsado por las cobardes dictaduras militares? ¿Acaso no son hoy muchas de las familias mexicanas que en algún sentido apoyan a los miles de ciudadanos centroamericanos en su tormentosa travesía hacia el norte? ¿Acaso no han sido las y los mexicanos solidarios frente a nuestras tragedias humanas y frente a aquellas provocadas por fenómenos naturales?  Es ahora que debemos ser solidarios con su profundo dolor, indignarnos frente a la barbarie desatada contra la niñez y la juventud.

Cuarenta y tres estudiantes normalistas detenidos y desaparecidos es el saldo de una acción concertada entre autoridades municipales de Iguala y sicarios del crimen organizado, nada más barbárico y tenebroso que esa putrefacta alianza cada vez más común en nuestros países. La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa es un modelo de educación popular, autogestionada, horizontal y consciente, que es digna de admirar. Tiene sus orígenes en un proyecto gubernamental de Lázaro Cárdenas en los años 20 del siglo pasado, que tenía como finalidad masificar la educación por medio de la creación de escuelas normales que permitieran formar profesores rurales. Es así que, en 1926, se funda la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos (que es su nombre oficial), la que se ha mantenido, a pesar de una serie de hechos y procesos históricos de por medio, en un verdadero gesto de resistencia hasta el hoy (1).

Esta Escuela Normal -a través de su modelo de educación popular, horizontal, consciente y de autogestión-, lleva a sus estudiantes no solo a contar con un proceso educativo que traslada conocimientos, sino que busca en la práctica el mejor mecanismo para el proceso de enseñanza-aprendizaje. La ausencia de apoyo por parte del Estado mexicano, así como su debilitamiento constante, han provocado que los estudiantes practiquen formas de autogestión para concertar su posibilidad de estudio, además de concientizarse, politizarse y participar activamente en la transformación de sus vidas.

Es decir, en este sistema enajenante y alienante que pretende que la juventud no diga, no cuestione, no demande y no forme parte central de la transformación de su realidad, estos jóvenes representan para los poderes fácticos y criminales, una amenaza a sus intereses espurios y de impunidad.

Estos hechos aberrantes de violencia han despertado la conciencia de la sociedad y demandan una acción conjunta de la humanidad, para exigir y demandar el aparecimiento de estos jóvenes que luchan por una educación transformadora, por una sociedad distinta. Ojalá que dicho despertar sea un ejemplo para nuestras sociedades, asediadas por la tiranía, la corrupción, la anomia y la violencia. Ojalá que sirva de ejemplo para dar ese salto necesario de la indignación a la acción, y demandar de una vez por todas otra sociedad posible.

Hoy tan lejos de aquellos oscuros años de dictaduras militares, volvemos a las calles a escuchar: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

(1) Para conocer más sobre el tema leer: www.radiovillafrancia.cl

 

Fotografía tomada de: http://casaenchihuahua.blogspot.com/2014/10/mexico-matanza-de-estudiantes-en-iguala.html

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About Author

Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

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