¿Votar o no votar? Esa NO es la cuestión

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La consigna “en estas condiciones no queremos elecciones”, además de expresar el sentir de muchas personas, manifiesta una verdad que se debe reconocer lo más explícitamente posible. El problema parece ser que no tenemos la fuerza ni el tiempo suficientes para hacerla real.

Bajo las condiciones en las que nos encontramos si quiere conseguirse algún tipo de cambio práctico en el sistema, el voto por minorías, el voto nulo, el voto en blanco o la abstención NO SON alternativas políticas reales. Por supuesto que son opciónes éticas que representan rechazo, pero eso no significa que las cosas vayan a cambiar a través de estas acciones.

Con esto no estoy sugiriendo que se deba votar por uno de los principales candidatos: ellos son parte importante del problema. Lo que estoy tratando de argumentar es que los cambios que se quieren o necesitan no se deciden por las urnas en esta ocasión.

Vale: en espacios locales hay que intentar sacar a las mafias y los corruptos. Debe hacerse, por medio del voto y la denuncia penal. A nivel de diputados nacionales y presidente, bajo estas reglas, me parece que las “opciones” actuales representan más de lo mismo y no hay una alternativa popular, potente y que represente el cambio.

Frente a cierta esperanza sobre el voto nulo (que se manda un mensaje de rechazo a los políticos que, deber es recordarlo, tienen cuero de danta), me encuentro en la posición de –si quiere llamársele de alguna forma– un “ateísmo electoral”.

Sostengo que los cambios no van por este camino aunque sea incómodo afirmarlo y mantener esta postura[1], sobre todo por una razón de peso: el sufragio universal fue una conquista de obreros y mujeres que lucharon por él y no una graciosa concesión de los poderosos. Pero el noble origen de esta conquista no modifica la atrofia existente.

El punto es que en las actuales condiciones, las elecciones funcionan como una práctica ideológica que sustenta el sistema podrido que tenemos y la tarea es cambiar ese estado de las cosas.

Las recientes manifestaciones en torno a #RenunciaYa y #JusticiaYa reflejan el malestar que sentimos frente al estado actual de las cosas. La descomposición institucional y política son evidentes. Si estas manifestaciones no pueden conseguir resultados tangibles y concretos en el corto plazo, pueden activar una transformación en el mediano plazo. Puede que se presenten soluciones muy distintas a las del pasado. No lo sabemos. El germen de lo nuevo es, precisamente, una de sus virtudes y siempre es posible que el mesías venga por una pequeña puerta del tiempo (Benjamin dixit).

No sabemos qué va a pasar pero podemos intuir, desear o soñar que por aquí pueden venir cambios a mediano plazo que resulten muy importantes, pero que no pasarán por las elecciones convocadas para este año.

 


[1] Cuando ganó Arzú, menos del 19% de empadronados votó por él y eso no tuvo impacto práctico en su gobierno. No veo, pese a ciertos argumentos, que en este momento cambiaran significativamente los resultados con abstención masiva o votos nulos mayoritarios. No es cuestión de mensaje: es cuestión de organización efectiva.

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

4 comentarios

  1. Estoy de acuerdo con usted, en que tiempo no tenemos; espero no equivocarme, pero la fuerza sí la tenemos. También coincide con usted, en que si no se hacen los cambios necesarios, el voto nulo, en blanco, etc., no logra mucho. Saludos.

  2. Tengo la duda de si dejar que este proceso electoral avance sin ningún cambio, pueda provocar una “retirada” de la mayoría de la población de los movimientos ciudadanos y de la auditoría social que se intenta en contra de la corrupción.

    • Mariano González
      Mariano González on

      Es una preocupación legítima, claro. Sin embargo, es posible que de no dársele una salida política adecuada a esta crisis, en algún momento se produzca otro estallido, independientemente de quien llegue al gobierno. Y la indignación se mantenga. Es posible.

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