Vuelve el chucho arrepentido o Hello de Adele

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Tanto si se escucha con el pasable propósito de cortarse las venas o el más enmarañado de hacerle la vida a cuadritos al ex (o la ex), la canción Hello de Adele se presta como una excelente variación del tema del chucho arrepentido.

En efecto, las posibilidades sobre el retorno (o el querer retornar, porque no siempre se logra) son infinitas. Van desde el popular “donde fuego hubo cenizas quedan”, hasta las teorizaciones psicoanalíticas sobre el regreso, por caminos tortuosos, hacia el origen. Por decir algo. Cada quien podrá enumerar alguna lista de su amplio abanico de referentes sobre colgazones pasadas que perduran…

La combinación de actualidad, sencillez y claridad de la letra e, incluso, la potencia de voz de Adele, dan pie para hablar del fascinante tema del chucho arrepentido. Del (o la) que vuelve, o  más precisamente, quiere volver.

Porque volver, volver, no siempre se logra. Chente Fernández lo sabía, machamente, pero lo sabía. En esto coincidió con el genio del idioma, pues algo encierra la palabra nostalgia que remite al dolor del regreso (o al dolor por la imposibilidad del regreso).

Adele, como quien dice nada, se presenta y dice hola, cómo estás[1]. Después de años. Años que los separan de ser más jóvenes y libres… y por todo lo que supone el contexto que comparte la cantante y los oyentes, de haberse amado.

Dice hola. Desde afuera, del otro lado. Que está arrepentida (sólo Dios, ella y el destinatario de la canción saben las barrabasadas que hay de por medio) y dice “lo siento” por todo lo que hizo, por apenas, como si nada, quebrarle el corazón… que es tan fácil, como cantaba también hace años, Miguel Mateos.

Encima con el apenas velado reproche, en forma de pregunta, si salió de aquél pueblo en el que nunca pasaba nada…

¿Y por qué, ahora, el gesto? ¿Por qué presentarse así y, como mínimo, desgraciarle un poquito la vida a quien se le canta?

Evidentemente que hay gato escondido (“donde fuego hubo…”). No tiene por qué ser intencionado de forma absolutamente clara y consciente. Pero llegar y presentarse con quien se tuvo hace años una relación y decirle hola, cómo estás, si quiere que se encuentren, recordarle otras cosas, decir que se está arrepentido, etc., no es simplemente por el puro gusto de hablar. Evidentemente, algo hay.

La espinita está allí. Adele no lo canta explícitamente en Hello. No hay necesidad. Sabemos que es algo así como “te rompí el corazón, ¡lo siento!, pero regresamos porque me haces falta”.

Ella, y nosotros con ella, sabemos que el hola, no es tan sólo una presentación, sino una petición. Que el “lo siento” también implica el mensaje del chucho arrepentido: volver con la cola entre las patas y el hocico partido…

Cortavenas como tantas otras, Hello podría servir como una estrategia musical para el intento, potencialmente agazapado en la nostalgia, de volver. Como siempre.

(a Vida, Ernesto y Chepe, que la cantaron por puro gusto)


[1] Suponiendo que el sujeto del enunciado coincida con el sujeto de la enunciación.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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