Y aquí estuvo tu son Chabela

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Como una iniciativa novedosa, agosto inició con una “Huelga de Dolores Extraordinaria”. Ese evento sui géneris de Guatemala, un desfile bufo de las y los estudiantes universitarios en el que se hace gala de sátira y crítica política al poder, volvió a las calles. La Chabela, la emblemática y centenaria calavera que identifica la tradicional actividad de cuaresma, rompió el protocolo y lo hizo dignamente.

¿Quién dijo que la protesta debe ser solemne en exclusiva? En la sátira hay seriedad y formalidad, solo que jocosa, fina, mordaz y, sobre todo, popular. Y eso lo alcanzaron las y los universitarios quienes hicieron denodados esfuerzos para patrocinar las carrozas y comparsas que entretuvieron, informaron, sensibilizaron y persuadieron al público tradicional de esta expresión política: el pueblo.

Pero hay otros méritos en ello. La Huelga de Dolores tradicional, la que se realiza el Viernes de Dolores año con año, se ha convertido en el negocio de las mafias enquistadas en el “Honorable Comité de Huelga” (banda criminal que de honorable solo tiene el título), así como de sus cómplices, esa estructura enquistada en la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU).

La Huelga Extraordinaria rompió con ese grupo y logró movilizar a un importante número de estudiantes, quienes presentaron en las calles de la ciudad las comparsas que ilustraban sobre el momento político existente. Rememoraron la gesta de los primeros huelgueros (esos eran todos hombres), hace más de un siglo. Cuando la Huelga de Dolores y el desfile bufo se presentó por primera vez, lo hizo para señalar los desmanes de un gobierno. De hecho, el “Canto de Guerra estudiantil”, La Chalana, tiene hoy día una vigencia impresionante por su contenido.

De manera que, el propósito de quienes tuvieron la genial idea de producir una Huelga Extraordinaria, se alcanzó. Se movilizó a los reyes y reina fea que participaron en el desfile y enviaron su mensaje satírico sobre la crisis política, la demanda de renuncia al gobernante y el reclamo a la reforma del sistema político. Las estudiantinas y el movimiento tunero en la Universidad de San Carlos (USAC), participaron mediante un escenario que ofreció, además, un espectáculo de calidad en sonido y contenido.

Y, en la presencia popular para “ver la huelga”, así como en el espectáculo presentado, las y los organizadores han de sentirse satisfechos. Alcanzaron su propósito y lograron enviar el mensaje. Es de entender que no fue fácil conseguirlo. Pero lo pudieron hacer. Mostraron que en unidad, con claridad del contenido y sentido del mensaje político, es posible.

Mostraron también que, en unidad se puede hacer a un lado al deshonorable y darle contenido a la expresión estudiantil de protesta. La utilidad política de la decisión está más que evidenciada con el respaldo popular al desfile del sábado por la mañana. El público era diverso pero masivo. Un público que se rió de la sátira política planteada por las y los estudiantes en los discursos, en las comparsas y en las carrozas que plantearon: la necesidad de la renuncia del inquilino del despacho presidencial Otto Pérez Molina, la reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEEP), el cuestionamiento a elecciones que solo refrendarán el podrido sistema político, la devolución de los bienes robados al pueblo de Guatemala, así como el fin de la impunidad por genocidio.

La Chabela salió a las calles y se volvió a mezclar con el pueblo, su pueblo, a decirle sus verdades al gobierno impopular. La Chalana se coreó en las calles para reivindicar el espíritu de rebeldía y lucha del estudiantado universitario. El reifeato de todo el país se unió en un encuentro para poner los puntos sobre las íes. Y, el público, el pueblo huelguero que entendió el mensaje repitió coreando, “Aquí está tu son, Chabela”.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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