Y aré en el mar

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Hace un año pedí auxilio a Alaíde, buscando palabras que me dieran luz para los siguientes doce meses que están por terminar. Sin saberlo, su  nombre regresó varias veces durante las semanas que se seguían una tras de otra. Y cada vez que alguien o algo me la recordó, revivía sus palabras en el corazón que tan bien sabe escuchar. Pedí caminar ligera, intuyendo que en esa liviandad encontraría de nuevo a Gabriela.

Como debía ser, Alaíde me condujo dulcemente a Rosario. Las mujeres poetas siempre me han parecido infinitos mares en los cuales poder encontrase a una misma. Mares para zambullirse y gozar de la vida, mares para fijar el horizonte, mares de noches oscuras, sin luna y pocas estrellas. Un mar de agua salada como las lágirmas y aquel que te obliga a mantener la respiración, el mar de mi miedo. Ir al mar, ir siempre al mar, a mar.

 

“Aré en el mar.”
Simón, ¿hay otra parte
en que es posible o necesario arar?

 

El mar es el único lugar para arar. ¿Acaso no somos mar, horizonte indefinido, profundidades desconocidas, sombras? Somos mar, con barcos hundidos en el fondo de nosotros como heridas que no desaparecen; con peces de colores, como ilusiones que  van perdiéndose en la inmensidad; con tiburones salvajes y violentos, como los hombres y mujeres que caminamos por la calles de la ciudad. Somos tempestades, somos mareas bajas. Sin embargo, solo en el mar podemos arar, y solo en el viento podemos edificar.

 

“Aré en el mar”
Carlos, ¿hay otra parte
en que es posible o necesario amar?

 

Injusticias, desaliento, esperanzas siempre rotas, desánimo, política vulgarizada, vidas truncadas. Mucha sangre y sufrimiento. Resistencias asfixiadas, rabia, derroche, penas. En ese mar nos toca arar. Al final el amor es la última razón para la esperanza, es el sentido que se mantiene en los mares más duros, aquellos que se creen innavegables. El amor no necesita razón de ser, es porque sí, como la vida misma. Ahí radica su fuerza y su necesidad de seguir siendo.

Acompañame Rosario con esas palabras para el gran Bolívar.

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

2 comentarios

  1. Sí, Gaby, somos mar… Y muchas veces desconocemos los tesoros que hay en nuestras profundidades. Somos mar y todo lo que hay y sucede alrededor de él.

    Saludos.

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