Ya estamos en transición

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De hecho la transmisión del mando de la administración del Estado ya empezó, desde el momento en el que la Vicepresidente renunció a su cargo y uno nuevo tuvo que ser propuesto por el Congreso, uno que les asegurara el legado ideológico conservador de derecha ante la vergüenza de la revelación expuesta por el MP y la CICIG. El Presidente Pérez sigue aferrado al cargo hasta morir con las botas puestas, aguanta con disciplina kaibil los morteros de la verdad que asesta el poder de la justicia, y la demanda (al fin) del CACIF para que deje el cargo. Su derrota requiere el dardo definitivo.

Seguramente desde abril de este año el país tomó un rumbo insospechado, avanza por aguas no navegadas nunca antes; casi todo el instrumental de normas y leyes ha sido confrontado y los debates positivistas no alcanzan con contundencia a proponer una respuesta al cuestionamiento de la ilegitimidad, tanto del gobierno sostenido con saliva como del evento electoral. Los últimos hombres del Presidente blanden sus argumentaciones necias y tozudas, como el abogado A. Valladares que enarbola su razón jurídica al extremo del absurdo. Lo cierto es que no alcanzan las respuestas leguleyas a las grandes preguntas que cuestionan la dignidad de Estado, a la revelación de una historia de fracaso a manos de la derecha en sus diferentes expresiones, tanto originarias como arribistas, oportunistas y aspiracionales.

La confirmación y aprehensión de la ex-vicepresidenta Baldetti marca otra senda no transitada. El antecedente indirecto fue Francisco Reyes pero sucedió después de haber dejado el cargo. La relevancia radica en la confirmación de la independencia de poderes, algo obvio pero no por ello real. El país padece una crisis cardiovascular y a pesar de la estabilidad del enfermo, hay réplicas mayores que requieren electroshocks como el acontecido en días pasados. El cuerpo solo empezará a sanar si se extirpan los órganos cancerosos.

Sin embargo esta crisis no parece serla. Desde el viernes hay un inminente vacío del poder, una usurpación ilegítima del mismo; una ex-vicemandataria tras las rejas y el principal mandatario con proceso de antejuicio abierto, a un paso de salir. En cualquier país moderno, esto implicaría inestabilidad e incertidumbre ante la deriva del principal responsable del Estado. En la Guatemala suceden al mismo tiempo una plaza central que desborda de algarabía por el encarcelamiento de la señora Baldetti y centro comerciales que desbordan de consumidores. La razón radica en el mismo objeto de esta crisis, lo público. Al no haberse desarrollado, arraigado y valorado esta condición, el ciudadano que no lo es, observa des-sujetado la coyuntura.

Lo cierto es que la transición se impone, el país requiere de una nueva cartera de ministros, necesita certeza de recursos que serán pobres para un nuevo período; se necesita retomar la carta de navegación que incluya respuesta pública para la salud, para la educación, para la comunicación, para la sequía inminente en el campo, para los compromisos internacionales de Estado; para la seguridad. El Vicepresidente está a punto de volverse el primer mandatario de la Nación y requerirá alguien que asegure la renovación de la unidad nacional.

El país requiere de la concertación de las élites políticas para asegurar un poco de legitimidad ante la siguiente contradicción: ¿por qué los ciudadanos deberían legitimar un Estado de Derecho y su andamiaje de leyes si los funcionarios designados y electos para ello no lo han hecho? El riesgo de resolver mal esta paradoja nos llevará al extremo de la deriva.

 

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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