Ya no están solas

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Durante las audiencias del debate oral y público, han permanecido en silencio. El perraje, que les habrá cubierto del aire, del sol, del frío y de la soledad, ahora les cubre del morbo y del espionaje. Sufrieron el estigma social que las calificaba como amantes de los soldados y oficiales del destacamento en Sepur Zarco. En silencio tragaron la humillación y el desprecio como si hubieran sido facilitadoras de la labor de los verdugos del pueblo q’eqchi.

Sin embargo, la verdad que durante tres décadas y media debieron depositar en a memoria, ha visto la luz pública. Ellas, mujeres q’eqchi cuyos cónyuges fueron detenidos desaparecidos y buscaron encontrarlos, fueron esclavizadas sexual y laboralmente. Sus victimarios pertenecían a la institución armada en Guatemala. Estaban asignados a un destacamento militar que servía de lugar de “recreo”. Un recreo que incluía el abuso sexual a mujeres ya lastimadas por la violencia.

Solas, algunas con hijos e hijas, hicieron frente a las secuelas del maltrato y la tortura que vivieron. “Salieron adelante” como suele decirse al gigantesco ejercicio de resiliencia que representa vivir y trabajar para sacar adelante a las y los hijos. Vivir para mantener viva la memoria y aprovechar el primer espacio de luz que permita iniciar el camino hacia la justicia. Un tránsito que en nada se parece a un camino de rosas. Por el contrario, si algo les ha abundado en su vida después de la esclavitud y la tortura son las dificultades.

Un peritaje presentado al tribunal señala que las mujeres de Sepur Zarco enfrentan varias afecciones. Una de ellas es la tristeza crónica. Un mal también conocido como distenia. Es decir, ellas vivieron tristes y solas por muchos años. Una soledad que cubrían con su perraje. Su verdad y su memoria solo era un cuchicheo. No salía de las paredes de su alma y de su corazón.

Pero esos días de encierro han concluido. Hoy su verdad, la de ellas, las que con dignidad y coraje señalan y enfrentan a sus verdugos, es la verdad de todas y, ojalá, también la de todos. Esa verdad, cultivada en el jardín de la memoria, florece con cada día que surge ante el tribunal, el caudal de evidencias. A los testimonios de las víctimas, hoy mujeres dueñas de su vida, se aúnan las declaraciones de los testigos y los informes periciales de las y los expertos.

Los hechos están probados. Ellas, las mujeres de Sepur Zarco fueron violentadas sistemáticamente en su cuerpos. Sufireron violencia sexual, física, sicológica y laboral. Sumado a ello, vivían la pérdida de sus parejas, detenidas desaparecidas por buscar legalizar las tierras comunitarias. Esas tierras que un peritaje registral determina que siguen perteneciendo a las comunidades pues hace siglos que los traspasos de propiedad se basan en una gestión realizada con fraude de ley.

Sentadas en el tribunal. Con el rostro cubierto, guardan silencio pero no en soledad. A estar con ellas, cada día llegan mujeres y hombres de distintas localidades para acompañarles. Algunas y algunos han permanecido todo el tiempo. Otras y otros se turnan para estar, escuchar y conocer en toda su dimensión la verdad cultivada en la memoria.

A las organizaciones que les acompañaron desde el inicio, las que integran la Alianza Rompiendo el Silencio, se le suman hoy otros grupos. Llegan al tribunal y muestran su respeto a quienes dan un ejemplo de lucha y de coraje, más allá de la tristeza, su eterna compañera.

Si entre 1981 y 1983 “se bebían las lágrimas” y acomodaban su dolor en soledad. Hoy han de saber que cada par de ojos que llega con un corazón solidario, la ve con admiración y respeto. Cada par de brazos que les acompaña en la Sala de Vistas les abraza fraternalmente. Ahora, aquí, ya no están solas.

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About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Me agrada leer sus articulos tan apegados a la realidad, sin embargo me llena de mucha tristeza, el saber que lo que escribe es una verdader REALIDAD de nuestros tiempos aparentemente MODERNOS . No se como los parientes de los culpables, continuan defendiendolos , sin tomar en serio UN CAMBIO ROTUNDO , en sus vidas pues con solo pedir DISCULPAS, eso no funciona !! No se cambia tanto sufrimiento causado , las disculpas solo Dios, las puede examinar. y conciderar.

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