#Ya

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Los tiempos de la protesta y el hartazgo social no son los mismos de la política formal; la gente en las calles exige respuestas ya a sus demandas; mientras los representantes oficiales de la política se acogen a la formalidad constitucional, se refugian en la cómoda sombra del respeto al orden establecido por la ley. La calle no está para comprensión de los mecanismos enredados que impone, el entramado de leyes y procedimientos jurídicos. Los políticos se perciben amenazados porque la política sufrió tremenda devaluación. Los diques que se rompen no pueden ser reparados con curitas, debe quizá dejarse el agua fluir para rehacer una reconstrucción completa porque de lo contrario el agua siempre encontrará la manera de filtrar. Cuando se sufre un robo o un asalto ocurre violación a la dignidad, luego deviene la frustración y luego, aparece la terrible cólera incontenible, la necesidad de justicia.

Los reclamos de la calle pueden concebirse de tal cantidad, como colores tendría una paleta completa; todos seguramente son válidos en la medida que un Estado débil y deshonesto los ha desatendido no ahora, sino por lo menos en los últimos cincuenta años. Esa pátina de demandas están aglutinados en la coyuntura política por una demanda esencial: “no queremos corruptos”. Eso ha desatado inevitablemente para su concreción, el Renuncia ya; Justicia Ya, o No les toca ya entre otros. La sociedad aglutinada de manera espontánea bajo esa demanda única, puede mantener una presión estratégica sobre el poder formal. La sintetización en esa demanda ha conllevado el hecho histórico de que estratos diversos en lo económico y lo cultural coincidan en una conciencia que se decanta en la revelación simple pero abrumadora, única pero incisiva: gobernantes que se aprovecharon de sus funciones para robar dinero que era del pueblo.

Todos los índices que cuantifican el desarrollo, la pobreza, la transparencia, la democracia, la seguridad, la salud, de los Estados, nos proyectan seguramente una calificación negativa, en la cola, de último, hasta abajo. Asumir de manera colectiva que esa condición de “los últimos” se ha debido también por gobernantes corruptos decanta el #YA que no es para mañana sino para hoy. El hashtag que combina la demanda específica con ese adverbio, implica que la situación que se acumula en el presente por las taras y las injusticias del pasado, ha llegado quizá a un punto de rebalse, a un punto de no retorno, al término de la paciencia y de la dignidad. Además la gente está evolucionando al reclamo colectivizado transfronterizo a partir de la realidad incontenible de la comunicación abierta. No es casual que en Honduras haya brotes de este virus que grita #cambio ya!.

No comprender los tiempos del pueblo puede implicar terribles costos estratégicos que solamente acumularán más presión en la olla de la inconformidad. Remontar la situación actual implicará madurez y nervios fríos y asumir que naturalmente no todo puede ser ya. Los políticos no pueden confundirse al enviar un mensaje falto de credibilidad y de disposición genuina, porque esta vez el vaso llegó al límite. Deben comprender que su especie al igual que otras, corre riesgo de extinción. El desafío es para todos e implica como condición, hacer patente la definición de diálogo: ir juntos a través del significado.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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